Mario Ruiz Castillo

Una conversación sobre eficiencia y desarrollo

Estaba conversando con un ciudadano holandés en días pasados, cuando vimos llegar una cuadrilla de trabajadores de la empresa aguadora a reponer un medidor de agua que había sido robado semanas antes; viajaban en una camioneta de tina y eran seis personas: el conductor, un supervisor, dos hombres con papeles en las manos y dos con barra y pala.

Vimos cómo iban preguntando de casa en casa en dónde es que se habían robado el medidor y por el número de la casa de la cual tenían orden de reposición del medidor. El reloj marcaba las 9:30 de la mañana.

Luego de las identificaciones necesarias, dos de los trabajadores procedieron con la barra y la pala a quitar lo que había quedado de las conexiones anteriores, quitaron tubos, tierra y piedras. Mientras los dos trabajadores hacían sus labores, los otros cuatro operarios conversaban activamente, contaban chiles y anécdotas.

Transcurrida una hora, los trabajadores instalaron el nuevo medidor, dejaron una cantidad de tierra lodosa y piedra sobre la acera. Al concluir los trabajos, los empleados con libretas se acercaron al propietario de la vivienda y le hicieron firmar algunos papeles, marchándose del lugar exactamente dos horas después de haber llegado.

Mi amigo holandés miraba extasiado a los trabajadores y al preguntarle por tal interés, me dijo que hace meses en La Haya, Holanda, él llamó a la empresa de teléfonos por un problema. Dos horas después de haber llamado, me dijo, recibí una llamada telefónica en que me informaban que el técnico llegaría a hacer la reparación al día siguiente entre las 8 y 9 de la mañana, para que estuviera alguien en la casa.

Efectivamente, al día siguiente a las 8:30 de la mañana llegó un muchacho joven en una camioneta, procedió a comprobar con aparatos especiales la línea telefónica y me expresó que el problema era interno, que posiblemente tenía que cavar un hoyo ya que el panel se encontraba como a 1.20 metros de profundidad. Un poco afligido pensé que esa reparación tardaría días, siguió diciéndome mi amigo holandés.

Poco después —agregó— salí a ver qué estaba haciendo el técnico y para mi sorpresa lo vi con una barra y pala, cavando un hoyo. Media hora después, el teléfono funcionaba perfectamente, no había huella alguna de reparación, todo estaba limpio como si nada hubiera sucedido. El empleado telefónico se quitaba su mono de trabajo, se vestía y mientras hacía esto me pidió que firmara los papeles de reparación, llamó por teléfono a su supervisor diciendo que el trabajo estaba concluido para que se le asignase otro.

A mi mente vinieron sin querer las comparaciones. Para un trabajo rutinario y de técnica súper sencilla, se requirieron seis personas y dos horas, contra un trabajo con técnica más complicada en la cual se utilizó solo una persona y media hora.

Después de oír el relato de mi amigo, sin palabras, ahora comprendía el asombro del holandés y como la eficiencia, el orden y el profesionalismo y el desarrollo están íntimamente relacionados.  

El autor es abogado.

COMENTARIOS

  1. La verdad
    Hace 15 años

    esos son trabajadores supernumerarios sandinistas, que el gobierno sandinista les paga salarios por no hacer nada, valga la redundancia, pero si los utilizan para rezadores, paramilitares, rotonderos, asi es como ganan dinero extra tambien

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