Guillén muestra en una caricatura del Diario LA PRENSA a un bebé, a quien llama Alianza PLI, conduciendo con destreza de imberbe un enorme camión al que llama oposición cívica. Con una imagen el caricaturista describe el desborde, entre los retos y las responsabilidades que los tiempos exigen, y las capacidades y destrezas que muestra el PLI para enfrentarlas. A pesar de los matices del quehacer político, hay claridad, los nuevos tiempos no pueden enfrentarse con los viejos métodos.
A nivel discusivo, el PLI debe enfrentar el tema trillado pero urgente de la propuesta de nación. Con programas de gobierno no se ganan elecciones, pero sin ideas que descifren el futuro y orienten a la acción es casi imposible generar esperanza. ¿Cuál será la propuesta para los miles de pobres? La atracción de inversión extranjera. ¿Va a ser este el único recurso? La propuesta, mínima, para que las mujeres y los jóvenes desarrollen sus propias vidas es reivindicar sus derechos y promover la aceptación de sus responsabilidades con el país. La migración no puede continuar siendo la solución para la miseria, no hay nación, sin propuesta social.
Predicar con el ejemplo, es un a priori de la acción. Si el PLI aspira a ser alternativa debe evolucionar a prácticas más democráticas y consensuadas. No puede escoger a sus autoridades y diputados con los mismos métodos de sus adversarios. Si asumen los escaños con las mismas actitudes, falta de propuestas y beligerancia, están perdiendo el tiempo. Está prohibido aspirar a cargos públicos, para resolver, exclusivamente, el problema material. No puede existir un ápice de duda de su oposición al fraude y la dictadura.
El PLI debe superar su debilidad y falta de capacidad para consolidar y ampliar alianzas. Su propuesta debe nutrirse del liberalismo, pero debe ir más allá de esos límites. El abstencionismo de las últimas elecciones lo demuestra. Solo podrá consolidarse como opción, si atraen a los sectores que ven su liderazgo con desconfianza o que se han apartado de él. Con el actual nivel de alianzas es difícil crecer. Se debe atraer a los miles de miembros del PLC que se abstuvieron y que no tienen por quién votar.
Una fuerza política que ha declarado que hubo fraude electoral no puede esperar a que la sociedad civil proteste en su nombre, principalmente cuando se argumenta que esta no puede sustituir a los partidos políticos. La responsabilidad de protestar recae principalmente en los partidos políticos y sus líderes. En el imaginario de la gente, los líderes del PLI deben encabezar la protesta. Rehuir de esta responsabilidad puede ser fatal. El PLC es el mejor ejemplo de las consecuencias de no estar a la altura de los tiempos.
Urge reconocer que tanto el PLI como el PLC, a pesar de conocer las amenazas, no tuvieron capacidad política ni organizativa para enfrentar el fraude. Sus organizaciones partidarias están diseñadas para funcionar en un contexto institucional democrático aceptable. No obstante, vivimos tiempos excepcionales, el nacimiento y consolidación de una dictadura, y estos exigen nuevas actitudes y habilidades. Ejemplos, no existió un protocolo de qué hacer ante el fraude, mucho menos un discurso que lo explique, enfrente y aliente a la movilización.
Finalmente, no hay cambio sin nuevos liderazgos. ¿Podrá cambiar la oposición sin relevo? Creo que no. Yo preguntaría quiénes van a refundar el PLC si nunca se invirtió en el relevo. Por honestidad, ¿dónde están los lideres jóvenes del PLI? Sin meritocracia partidaria es imposible construir algo nuevo.
El autor es politólogo
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