El casco urbano de Somoto cuenta con una población de 28 mil habitantes, de los cuales 9 mil ochocientos, que corresponde a una tasa del 35 por ciento, se hallan sin trabajo o simplemente no tienen un empleo permanente.
Este es un problema social que Somoto ha venido encarando sin hallar hasta el momento una respuesta positiva. Precisamente por la ausencia de trabajo, en esta cabecera departamental de Madriz ha venido aumentando la delincuencia que en otros tiempos no existía.
La solución podría ser el establecimiento de una zona franca en Somoto. Quienes pongan oídos sordos a esta petición francamente no les interesa la población de esta ciudad, que es la cabecera departamental de Madriz. Los diputados que ha tenido Somoto en diferentes épocas nunca han tomado interés por introducir ante el parlamento un proyecto de tal especie. Han sido indiferentes al caso de la desocupación y demás problemas de los somoteños, a pesar de que es su obligación velar por los intereses del pueblo, que en repetidas ocasiones les ha dado el voto.
Si los señores diputados no oyen las demandas de sus representados, entonces, ¿a quién representan? Somoto pareciera que no tiene diputados que lo representen. ¿Qué costo puede tener en la boca de un parlamentario hacer una gestión sobre algo de utilidad pública para no hacerlo?
El único progreso que hoy luce Somoto en atractivas estadísticas no se le debe a ningún político somocista, o sandinista que haya ocupado un escaño en la Asamblea Nacional. Ese adelanto es una gestión formidable de su alcalde Marcio Rivas Núñez, quien durante su mandato edilicio demostró especial interés para sacar a esta ciudad del enorme atraso en que se hallaba situada.
Es visible el cambio que cada día se va dando en el primer mundo. Incluso países de nuestra América Latina se van sumando al prestigioso club de países desarrollados como Brasil y Chile, este último habiendo sufrido grandes catástrofes como el terremoto ocurrido en el 2010.
Una publicación del Millenium Project titulada El estado del mundo 2011 nos indica la sustancial mejoría de la que gozan algunos países muy al margen de nuestra realidad: El mundo es cada vez más rico, más saludable, mejor educado, más pacífico, y mejor conectado, y la gente vive más tiempo. Mientras se sugiere esto nos recuerda que a pesar de todos estos signos de progreso, la mitad del mundo es potencialmente inestable (Millenium Project 2006).
Algunas investigaciones sugieren que en poco menos de 10 años América Latina será el centro de atención del mundo por las reservas de petróleo existentes y dada las complicaciones políticas en el Medio Oriente. Pero si el enfoque del mundo va a ser en torno a las reservas de petróleo, esto implicaría que la atención se dirigirá específicamente a los países que cuenten con ese recurso ¿y los demás países? Para ser más específico: ¿y Nicaragua?
Lo cierto es que Nicaragua se mantiene al margen de los cambios mundiales y, todo lo contrario que nuestros vecinos del sur, con una gran dependencia de la generosidad de otros países. Sin embargo, las grandes ofertas electorales parecen calar en la conciencia ciudadana que miran realizados sus sueños en las promesas de sus candidatos sin tan solo echar una mirada a nuestro trágico pasado y peor aún, a nuestro presente.
Si revisamos los números del país vemos que nuestra realidad es muy distinta a la que pintan los políticos. ¿Cómo podemos esperar algo distinto? El orden social roto por diversas arbitrariedades que impide tener una opción para que nuestro país se ponga a la par del crecimiento mundial.
El 6 de noviembre el pueblo tuvo en sus manos la posibilidad de cambiar esta realidad y llevar al país a nuevos horizontes con un gobierno capaz de abrir paso al desarrollo, con visión de nación, con la honestidad como valor fundamental y con el compromiso de gobernar para todos los nicaragüenses. Pero le volvieron a robar la oportunidad y la esperanza.
Lejanos parecen aquellos tiempos en que el pueblo nicaragüense tenía plena confianza en las instituciones de su gobierno. Parece que la vorágine de corrupción y avaricia corroe cada estructura del Estado. La Policía dejó de ser una institución profesional y transparente, en su lugar ha quedado un ente inquisitivo, perseguidor que se olvida de respetar los más elementales principios y garantías constitucionales que protegen a cada ciudadano.
Los miembros de Auxilio Judicial en materia de investigación se la ganan a la antigua Gestapo, irrumpen sin más, de manera violenta y a mitad de la noche o a la hora que se les plazca, en cualquier domicilio donde lejos de encontrar a delincuente alguno, lo único que hacen es abusar de su autoridad poniendo en riesgo la vida de una familia que por lo general la conforman mujeres y niños. Hasta en el caso de que busquen a algún familiar que está siendo investigado deberían de recordar que la sospecha o la culpa no trasciende a la persona del inculpado y bien sabido es que los familiares no deben pagar por culpas ajenas y mucho menos pasar por la humillación a que los somete y que bien se prestan algunos medios televisivos cuando ya no tienen más ideas, recurren al morbo para aumentar su audiencia, aunque sepan que es totalmente ilegal prejuiciar a la población, exponiendo y poniendo en tela de juicio la moral, reputación y honestidad de determinado ciudadano.
La población al desconocer sus derechos se expone a la humillación pública por acusaciones que en muchos casos carecen de fundamentos o prueba alguna, procesos que al final son desestimados por fiscales y judiciales. Lastimosamente aunque la persona sea inocente queda con el estigma de delincuente, acabando con lo más valioso con que una persona cuenta y del cual carecen muchos agentes policiales y funcionarios de gobierno: la honradez.
Como los norteamericanos son tan avispados, han descubierto que las infidelidades conyugales también pueden ser un buen negocio; y por ello han creado una especie de agencia matrimonial informática, pero al revés, es decir, de personas que deseen ser infieles a sus parejas. El negocio debe ir tan viento en popa, que hasta se anuncian por televisión, y han creado una multinacional de la infidelidad conyugal y anunciarse en televisión como un coche o una colonia cualesquiera.
Esto dice muy poco de la situación moral de una sociedad, donde el sexo se ha banalizado hasta considerar a las personas solo como meros receptores de instintos sexuales. Creo que fue Séneca quien dijo que a las romanas se les podía calcular la edad por el número de amantes que habían tenido. Hoy en día no podría hacerlo, puesto que en sus tiempos calculaba un amante por año, y con este tipo de empresas se puede llegar a uno al día, como el yogurt. Claro que los romanos eran unos depravados, donde la pornografía se representaba, en vivo y en directo, por calles, plazas y teatros A lo mejor no nos falta tanto para ello, y todos sabemos cómo acabó el Imperio Romano, pisoteado por los pueblos bárbaros
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