A diferencia de Estados Unidos, en cuya política exterior América Latina ocupa un lugar de tercera importancia, España, por comprensibles razones históricas y culturales tiene a Hispanoamérica entre sus prioridades. Y más con un gobierno integralmente democrático y de centro derecha, como el que recién ha asumido las riendas del poder en España.
De hecho así lo ha confirmado el nuevo ministro español de Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, quien inmediatamente después de asumir su alto cargo anunció la restauración de la Secretaría de Estado para Iberoamérica, la cual había sido fusionada en la cartera de Cooperación Externa. Además, el nuevo canciller declaró a una radioemisora española que su objetivo es “recuperar la imagen” exterior de España.
En lo que se refiere a Nicaragua, cabe mencionar que el pasado lunes 12 de diciembre el secretario general del Partido Popular que ahora es gobernante en España, el eurodiputado Antonio López-Istúriz, emitió en Bruselas una declaración conjunta con el congresista republicano estadounidense Mario Díaz-Balart, en la que denuncian las irregularidades fraudulentas de las elecciones del 6 de noviembre pasado que permitieron a Daniel Ortega imponer su reelección inconstitucional e ilegítima.
“Desde ambos lados del Atlántico, hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que permanezca unida para denunciar las acciones de los líderes que manipulan las instituciones democráticas por ganancias personales”, expresaron López-Iztúriz y Díaz-Balart, agregando que los resultados electorales del 6 de noviembre en Nicaragua “no pueden ser aceptados sin más”, debido a la falta de transparencia y la imposibilidad de verificación. Y concluyeron señalando que “la comunidad internacional debe ser igualmente firme para animar al Gobierno nicaragüense a adherirse a sus legislaciones, cumplir plenamente el compromiso de Nicaragua con la Carta Democrática y respetar el derecho del pueblo nicaragüense de participar en procesos electorales justos, transparentes y responsables”.
Por supuesto que no es aceptable ni cabe esperar del nuevo gobierno de España una política agresiva contra el régimen ilegítimo de Daniel Ortega. Como referencia del estilo del nuevo canciller español, se conoce que él en su condición de miembro del Parlamento Europeo y dirigente del Partido Popular de España visitó Cuba por lo menos 11 veces y se reunió con los disidentes cubanos. García-Margallo ha expresado que no es posible mantener un régimen de fuerza como el cubano de manera permanente, pero al mismo tiempo ha dejado claro que prefiere los medios diplomáticos en vez de la fuerza para alentar los cambios democráticos que son necesarios.
En realidad, en Nicaragua la recuperación de la democracia tiene que ser obra de los mismos nicaragüenses. Sin embargo esa recuperación podrá ser más rápida y menos costosa en la medida en que la comunidad democrática internacional no apañe al régimen inconstitucional e ilegítimo de Daniel Ortega.
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