Xavi Hernández, el mejor intérprete de las variantes que aplica a su sistema de juego el técnico Pep Guardiola.. LA PRENSA/AP/KOJI SASAHARA

Sin caducidad

Evolucionar para perdurar. Más allá de su contundente triunfo en el Mundial de Clubes, el Barsa de Pep Guardiola ha dado un salto más en la revolución constante de su concepto de juego, con un esquema carente de delanteros y con hasta seis centrocampistas ofensivos. Es el Barsa de los mediapuntas.

Lex Cubero/Barcelona/EFE

Evolucionar para perdurar. Más allá de su contundente triunfo en el Mundial de Clubes, el Barsa de Pep Guardiola ha dado un salto más en la revolución constante de su concepto de juego, con un esquema carente de delanteros y con hasta seis centrocampistas ofensivos. Es el Barsa de los mediapuntas.

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Al Camp Nou han llegado los tiempos del futbolista total. Todos atacan, todos defienden, todos construyen, todos golean. La culminación de una idea implantada por el holandés Johan Cruyff.

Un nuevo sistema en el que el delantero no tiene sentido porque las posiciones desaparecen. Mascherano, centrocampista, es ahora el mejor defensa del equipo, el lateral Dani Alves dio ante el Santos un recital como escudero de Messi.

Seis mediapuntas o seis delanteros pero ninguno al mismo tiempo. Gracias a la defensa de tres, el Barsa gana un hombre más en el centro del campo. Y al desterrar al nueve tradicional, suma otro creador más al equipo.

“Hoy aprendimos que se puede ser ofensivo jugando con un 3-7-0. No siempre hace falta colocar atacantes para llegar al gol”. El resumen es de Muricy Ramalho, el entrenador del Santos.

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Conceptos como llegar en segunda línea antes de ocupar una posición. Guardiola ha innovado con un sistema sin delanteros fijos, pero con muchos jugadores llegando desde atrás. La evolución del 3-4-3, del cuadrado mágico, de la WM, un cambio sustancial en la forma de ver y de jugar el futbol.

Messi, Iniesta, Cesc, Thiago, Xavi y Alves. Bajo la tiranía del rondo y con el rival encerrado en su propia área, los defensas azulgranas —incluido el meta Valdés— son centrocampistas y estos, a su vez, atacantes. Un 3-7-0 en el que no hay delanteros porque no se necesitan.

Atrás quedaron los especialistas, una rémora obsoleta del pasado. Sin posiciones fijas, el juego culé se despliega entre una apoteosis de movimientos que desconcierta a cualquier rival, sea el Santos, el Real Madrid, el Al Sadd o el Manchester United. El marcaje al hombre es un imposible; el marcaje zonal, una quimera.

Es la evolución constante del libreto de Pep Guardiola, algo que no es nuevo, ya que en cada una de sus cuatro temporadas al frente del equipo ha ido transformando su esquema táctico, con un resultado exitoso: 13 títulos de 16 posibles.

Echando la vista atrás, el dibujo del primer año de Guardiola al frente del equipo puede ahora resultar incluso arcaico. Por aquel entonces, el Barcelona se desplegaba con un 4-3-3 estricto, rígido, con Samuel Etoo como punta.

Un planteamiento mucho más directo y vertical que el actual, con el camerunés como estilete más avanzado y dos extremos veloces pegados a la banda: Messi a la derecha y Henry a la izquierda.

Una temporada después, el fichaje del sueco Zlatan Ibrahimovic supuso el primer intento de modificar el concepto del “cazagoles” que solo se limitase a empujar el balón en la línea de gol.

Pero el controvertido Ibrahimovic no supo amoldar su ego al juego coral azulgrana y mucho menos someterse a la batuta de Messi, astro sobre el que gira el universo culé. Y su salida a Milán marcó el tercer paso de la evolución.

Desterrado el ariete tradicional, Messi se erigió como falso nueve con libertad de movimientos. El argentino respondió a la confianza de su entrenador con 53 goles y 24 asistencias, sus mejores registros hasta ahora en el club catalán.

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