La aguja de la entrada está abajo. La camioneta se acerca y el guardia de seguridad sale rápidamente de la caseta. “¿Está el señor Alemán?” Hace un cuestionario para saber quién pregunta y por el intercomunicador consulta al otro lado si la visita puede pasar.
Ese año el PLC conquista 42 escaños en la Asamblea Nacional. En el 2001 Alemán entra al parlamento como “diputado regalado” por un pacto con Ortega y el partido obtiene 52 diputaciones.
Comienza la división. En el 2006 el liberalismo se divide entre el PLC y el ALN.
Aferrado a su idea de liderazgo, Alemán fue candidato presidencial del PLC en los comicios de este año. Los resultados electorales los dejan solamente con dos diputados.
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“El jefe anda en el campo. No los puede recibir”, se escucha por el aparato. Según el hombre que cuida la entrada “no ha estado recibiendo a nadie. Los pocos que vienen son simpatizantes que buscan ayuda, pero él no los atiende. Solo sus hijas le visitan los fines de semana”.
Ya no se ve la gente que pululaba en la hacienda El Chile, residencia de Arnoldo Alemán. Tampoco los vecinos ven pasar las caravanas de vehículos de sus correligionarios. La imagen del gordo bonachón que sonreía, chileaba y abrazaba al que llegara a su casa se ha disipado. Es un caudillo en desgracia.
Pero aún hay quienes creen que Alemán podría resurgir como una especie de ave fénix rojo. “Seguro que él todavía no da la cara porque está en un momento de reflexión”, confía David Cerda, un vecino y correligionario de 50 años.
Las paredes rojas han perdido su intensidad. Las papeletas con la cara del líder del partido liberal lucen viejas, desgastadas o rotas. Emilio Corea, canoso y serio, luce escéptico ante la calma que hay ahora en El Crucero.
“Hay gente cercana a él que dice que los dejó solos. Hay desunión en el partido, a todos los niveles, y eso está afectando. Aquí la gente ya no cree. La juventud liberal ha estado inconforme desde las elecciones. Las bases ya no están como antes”, comenta desde el bar que es su negocio.
El marcado interés de Alemán por mantenerse como líder de PLC sigue resquebrajando a un partido que quedó débil tras su derrota significativa en las recientes elecciones presidenciales.
Al otro lado de la calle, por la que apenas se levanta la neblina, David Cerda mantiene su bandera roja. “Él tiene que moverse en la comunidad y a nivel nacional para captar nuevamente los votos.
La gente del campo está esperando al doctor. Eso de la desunión interna del partido es feo. Aquí mantiene su apoyo, pero tiene que reflexionar”, recomienda Cerda mientras ve a través de la ventana, como esperando que su líder aparezca de nuevo.
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