Editorial: Prenda de garantía
Quien explore la historia de Nicaragua podrá comprobar que los políticos de oposición generalmente han empleado dos mecanismos, para lidiar con las dictaduras que periódicamente ha padecido el país y lo mantienen en el atraso lastimoso de falta de educación y pobreza. Mientras un sector argumenta que el país carece de las condiciones necesarias para gozar de una democracia y que debemos contentarnos con una estabilidad impuesta desde arriba, el otro ha asumido que solo mediante la violencia se puede erradicar a los autócratas. Pero lo cierto es que esos “libertadores”, después que han llegado al poder por medio de la violencia repiten al pie de la letra lo que antes denostaban y combatieron, incluyendo la corrupción y el enriquecimiento desmedido al amparo del poder. Por otro lado, la memoria política nos recuerda que casi siempre los políticos nicaragüenses que no han optado por la lucha violenta, han sido frágiles ante el poder: Unos sucumben al chantaje, otros a las gangas y muchos al temor y prefieren mantenerse pasivos.
No obstante, la experiencia histórica indica que se puede practicar otra variante de lucha por el poder, cívica, educativa, de mediano plazo, utilizando todos los espacios disponibles pero subordinados a la organización y la movilización popular. Solo así se podría construir la república democrática sobre tierra firme.
En este sentido, los diputados que van a integrar la disminuida oposición parlamentaria de Nicaragua a partir del próximo 9 de enero, si quieren superar la justificada desconfianza de la ciudadanía tienen que ofrecer como prenda de garantía un claro compromiso público, de cumplir una serie de acciones que avalen su decisión de integrarse a una Asamblea Nacional que estará dominada por la aplanadora orteguista.
Entre tales garantías podemos señalar: 1) Mantener la unidad y la disciplina en la bancada. 2) Actuar con una sola estrategia, parlamentaria y extraparlamentaria. 3) Estar en contacto permanente con la sociedad civil y coordinarse con esta. 4) Encabezar las manifestaciones públicas contra la dictadura y en favor de los intereses de la población. 5) Tener asesores idóneos, que reciban sus sueldos por capacidad y no como gratificación partidista. 6) Estudiar y dominar las materias que se traten en el plenario, para demostrar a la población que además de honrados son eficientes. 7) Someterse al control público y la evaluación periódica de su rendimiento y lealtad democrática.
Es evidente que Nicaragua carece de una clase política democrática con una sólida educación cívica e integridad ética. Es cierto también que los nicaragüenses empobrecidos, que son la mayoría, están más preocupados por conseguir la comida diaria que por entender derechos constitucionales. Pero esto no significa que no se pueda ni se deba hacer nada por cambiar la situación. El régimen orteguista puede ser un gigante con pies de barro, pues se basa en la ilegitimidad, el fraude, la represión y el engaño. De manera que él mismo puede generar las condiciones apropiadas para el desarrollo de la conciencia cívica y la lucha democrática nacional, que es indispensable para que Nicaragua pueda volver a ser una verdadera república.
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