Max L. Lacayo

El poder sale de la boca del fusil

La frase que uso como título de este artículo es atribuida a la boca de Mao Tsé-Tung y radica en la psique del dictador Daniel Ortega. Las elecciones generales del pasado 6 de noviembre en Nicaragua se llevaron a cabo en un ambiente de desintegración democrática y con los cuerpos policíacos y militares bien estructurados bajo una fuerza monolítica partidaria. Aún así, hay quienes todavía creen que en Nicaragua existe cierto equilibrio.

La verdad es que toda la oposición ha quedado completamente subordinada a los designios de la familia Ortega. Esta tiene —de manera absoluta— todos los medios de poder bajo su control. El “orteguismo”, que es el término apropiado para referirse a este régimen dictatorial, constituye el núcleo político de una cultura que ha encontrado cómplices delictivos a través de varias generaciones. Por eso, muchos en Nicaragua, la OEA, la UE, consideran al orteguismo nuestra tradición.

Esta dictadura familiar ha destruido todo vestigio de partido político de oposición y todo lo que queda son algunos individuos o algunas familias receptoras de trozos de poder. Pero los beneficios paternalistas otorgados a estos desaprensivos son negociables, de acuerdo a los términos convenientemente establecidos por el dictador.

El ejército ha sido elevado a su más alto grado de prestigio y poder político. Su exjefe, hoy es el vicepresidente electo de la República de Nicaragua. Y el representante más alto de la Iglesia en Nicaragua —en sí un cadáver moral– ha rellenado al inconfeso e impenitente Ortega de infinitas indulgencias plenarias.

Con respecto a los medios de comunicación, la familia Ortega es propietaria de gran parte de esa maquinaria. Y a manera de continuar el total control de estos, se apresuran a intimidar a los medios democráticos acusándolos de dañar el prestigio de la familia Ortega, el Gobierno, la Policía o el Ejército. Las turbas orteguistas ya comenzaron a plantarse frente al diario LA PRENSA para obstaculizar la libre distribución de sus publicaciones. La censura y el control directo es el próximo paso lógico para coartar la libertad de prensa.

Las organizaciones culturales más prominentes del país están bajo el control de antiguos amigos del dictador, con el que tienen un entendimiento de colaboración mutua. Estas organizaciones sirven para detener todo intento de democratización cultural y el dictador convenientemente las mantiene entre los rubros fijos del presupuesto nacional.

En medio de las imposiciones del orteguismo, a pesar de la traición de los líderes políticos de oposición, entre las burlas de los observadores extranjeros que aman posiciones pero menosprecian la paz y ante una comunidad internacional que desestima su propia capacidad y obligación de sanción moral y se aferra a reconocer la ilegal y fraudulenta reelección de Ortega, una gran mayoría de la población nicaragüense se mantiene a favor de la democracia. Esto crea y estimula una polarización altamente amenazante.

A medida que aumente esa polarización, Ortega recurrirá ascendentemente a la opresión, pues instintivamente se aferra a su máxima de que el poder sale de la boca del fusil. Y es ahí donde los dictadores pierden la noción del concepto causas-consecuencias y se disponen a inmolarse. Y esto es así porque todo dictador cuenta transitoriamente con la fuerza bruta, solo para llegar a un trágico, inevitable final. Final que a menudo reclama decenas de miles de muertes de inocentes civiles. ¡Axiomática realidad! Como dice el Barón de Holbach: “Ningún poder sobre la tierra puede por largo tiempo ser tiránico con impunidad de sosiego”. El autor es economista y escritor.

COMENTARIOS

  1. nada es eterno, con la muerte NO hay arreglo
    Hace 15 años

    Mientras Ortega tenga el billete que le viene de Venezuela $500 millones anuales, a la Iglesia dividida y en la planilla, y a todos sus operadores politicos bien engra$ado con el impuesto del pueblo y el billete Venezolanos habra Ortega para buen rato. Ortega NO ES SOMOZA. Somoza tenia educacion, vision y clase. Ortega y los Murillos no seran ni la suela de los zapatos de la fibra de ese dictador. Sinembargo los Somoza como los Ortega y Murillo comparten la abaricia del poder y el dinero.

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