El Día Internacional de los Derechos Humanos que se celebra hoy en todo el mundo, se conmemora en Nicaragua de manera sombría por el grave retroceso que ha sufrido el país en el campo del respeto a los derechos humanos, incluyendo el derecho a la vida, como consecuencia de la violación devastadora del derecho a elecciones justas y limpias, y a la democracia representativa.
Los apologistas del régimen orteguista venían reclamando que a este no se le debía llamar dictadura, porque en Nicaragua no había presos políticos y nadie había sido asesinado por razones políticas. Pero al mismo tiempo, miembros prominentes del gobierno nos advertían amenazantes con que bastaría una orden del “comandante Daniel”, para que no quedara piedra sobre piedra de los medios de comunicación independientes y la oposición política. Y amenazaron con que harían cualquier cosa y pagarían el precio que ellos consideraran necesario, con tal de quedarse para siempre en el poder.
Pues bien, ahora esos agoreros totalitarios deben estar satisfechos porque su régimen ha comenzado a dotarse de esos atributos perversos propios de toda dictadura, como son los prisioneros y asesinados por motivos políticos. Esos muertos y presos son seguramente parte del precio que dijeron estar dispuestos a pagar, con tal de no entregar el poder por el medio civilizado de unas elecciones libres y limpias, ni por ninguna otra forma.
El régimen orteguista es el culpable de la sangre de hermanos nicaragüenses derramada después de las elecciones del 6 de noviembre, porque la candidatura inconstitucional e ilegítima de Daniel Ortega y el fraude electoral, son las causas directas de la pasión, la crispación, la intolerancia y la violencia política que ha sufrido el país en las últimas semanas.
La Declaración Universal de Derechos Humanos, de cuya promulgación el 10 de diciembre de 1948 se conmemora hoy el 63 aniversario, consagra como derecho humano fundamental la realización de elecciones libres y limpias como condición indispensable de una sociedad y un gobierno democrático. Como norma expresa, en su artículo 21, acápite tercero, establece que “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual por voto secreto u otro procedimiento que garantice la libertad del voto”.
Pero en Nicaragua el derecho humano fundamental a elegir el gobierno de manera justa y transparente ha sido violado mediante el fraude electoral y la imposición de la inconstitucional e ilegítima reelección de Daniel Ortega. Y otra vez ciudadanos nicaragüenses han sido asesinados y el derecho a la vida ha sido violado, como consecuencia del atropello al derecho humano a las elecciones libres.
De manera que, vergonzosamente, en este Día Internacional de los Derechos Humanos y 63 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, Nicaragua figura otra vez en la ignominiosa cartelera de los países donde sus regímenes violan los derechos humanos, incluyendo el sagrado derecho a la vida.
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