Editorial: Las curules de la Alianza PLI
En el clímax de una intensa controversia política, planteada en los pocos pero influyentes medios de comunicación social independientes y opositores que hasta ahora han podido sobrevivir en Nicaragua, la dirigencia de la Alianza PLI anunció el martes de esta semana su decisión de ocupar los escaños parlamentarios en la Asamblea Nacional y el Parlamento Centroamericano. Estas curules corresponden a la oposición, de acuerdo con el irregular escrutinio del CSE de los votos de los ciudadanos en los igualmente irregulares, turbios y de hecho fraudulentos comicios generales del 6 de noviembre pasado.
A nuestro juicio es correcta la decisión política de ocupar los 26 escaños en la Asamblea Nacional que le fueron reconocidos por el fraudulento CSE orteguista. De hecho LA PRENSA ya se había pronunciado en el sentido de que la Alianza PLI debía asumir esos escaños, los cuales no son regalados por Daniel Ortega y su CSE sino que fueron obtenidos por los sufragios de los ciudadanos que votaron por los candidatos opositores. Inclusive, los diputados que le corresponden por derecho a la Alianza PLI son más que los 26 que les han reconocido en la Asamblea Nacional y los seis en el Parlacen.
Pero no se trata de dar a los diputados de la Alianza PLI, un cheque en blanco para que vayan a los parlamentos nacional y centroamericano a hacer lo que quieran, a disfrutar los beneficios económicos y las ventajas personales y partidistas de la función parlamentaria, sin ejercer una verdadera acción democrática opositora, enérgica, intransigente ante la arbitrariedad y la corrupción, transparente, de cara a la población y vinculada estrechamente a las acciones políticas extraparlamentarias. Como dijimos en el editorial de LA PRENSA del lunes 21 de noviembre pasado, “si la bancada de la Alianza PLI llega a la Asamblea Nacional dispuesta a hacer oposición dentro del hemiciclo y en la calle, a plantear los intereses de los nicaragüenses con firmeza y a exigirlos en todos los foros, debe entonces tomar sus escaños. Si por el contrario la actitud va a ser timorata y solo van a retirar el salario, es mejor que se queden en sus casas”.
Para esto es indispensable que la Alianza PLI (o como se vaya a llamar en el futuro), elabore y dé a conocer una estrategia de acción, pues hasta ahora pareciera no tenerla y si la tiene está muy bien oculta.
La verdad es que no se requiere de mucha ciencia política para elaborar y aplicar una estrategia apropiada a las circunstancias históricas actuales. Lo primordial es que la oposición actúe con la comprensión de que la Asamblea Nacional y el Parlacen serán escenarios secundarios de la lucha política democrática; que no caiga en el “cretinismo parlamentario”, como se le llama a la creencia de que es en el parlamento donde se resuelven los problemas de los ciudadanos, o que solo allí se puede y se debe librar la lucha política.
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