Wilder Pérez R.
Ellas vestidas de blanco, con trajes de ensueño, guantes y coronas. Ellos de azul y blanco, como caballeros. Todos dispuestos a cambiar su vida, “armados” con candela, rosario y libro de oraciones en mano.
Un total de 67 jovencitos dieron su primera comunión este 8 de diciembre en la Catedral de Managua, ante la mirada orgullosa de sus padres y el ojo inquieto de las cámaras fotográficas familiares.
“Esto me cambia la vida, no voy a ser como antes”, aseguró Fátima Bermúdez, de 10 años, después de posar para la foto de la familia.
Ella no quiso decir cómo era antes, pero mencionó que se va a portar bien, ya que recibir la primera comunión “fue algo especial, porque me tocó recibir el cuerpo de Cristo”.
Durante la ceremonia, precedida por una misa, los padres buscaban ver a sus hijos desde todos los ángulos, especialmente si andaban su camarita o un celular inteligente.
Allí estaba Manuela Aburto, pendiente de su hija Brunilda Massiel Romero, de 9 años.
“De aquí vamos para la fiesta”, dijo Aburto con una amplia sonrisa. La noche anterior fue la Gritería, pero tenían ánimos para más, pues la celebración forma parte del ritual de la primera comunión.
“La ostia tiene sabor a pan… pero yo ya la había probado”, confesó Bermúdez con aires de picardía, antes de salir corriendo donde sus padres.
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