El culto a la Virgen María es tan antiguo como la misma religión cristiana. Lo cual es lógico y comprensible, porque si el cristianismo surgió, se constituyó y se practica en función de la figura divina de Jesucristo, su Madre terrenal necesariamente debe tener una gran autoridad espiritual y merecer la veneración de los cristianos católicos, en un grado superior al que se venera a los santos.
En términos generales, se sabe que los orígenes y fundamentos del culto mariano están en los mismos Evangelios que dieron sentido y forma a la religión cristiana nacida con la prédica, el martirio y la resurrección de Jesucristo. Incluso se dice que vienen de más atrás, puesto que el rol de María fue anticipado en las enseñanzas de los profetas de la antigüedad hebrea.
En las catacumbas de Roma, específicamente en las de santa Priscila, o Prisca, donde los primitivos cristianos que eran perseguidos a muerte por las autoridades del imperio pagano se refugiaban y practicaban clandestinamente su culto que entonces era novedoso, se encontraron imágenes pintadas de la Virgen María cargando en sus brazos al Niño Jesús. Priscila o Prisca, esposa de Aquila y protomártir cristiana de Roma, es mencionada por el apóstol Pablo en su Carta a los Romanos, a quienes entre otras cosas les pide: “Saludad a Prisca y Aquila, mis cooperadores en Cristo Jesús, los cuales para salvar mi vida expusieron la suya”.
El culto mariano fue consagrado oficialmente por la Iglesia católica en el Concilio de Efeso, celebrado en el año 431, que lo estableció con la invocación de María como Theotokos, o sea Madre de Dios. A Nicaragua, el culto mariano llegó con la evangelización española en estas tierras, donde arraigó profundamente al grado de convertirse en uno de los rasgos fundamentales de la identidad nicaragüense. Y desde mediados del siglo XIX la singular celebración de la Gritería en la víspera del día de la Virgen María, que se festeja cada 8 de diciembre, ha venido a ser la más nicaragüense de todas las fiestas religiosas y populares celebradas en el país.
La fe en la Virgen María ha ayudado a los nicaragüenses a resolver graves dificultades personales y afrontar grandes tragedias colectivas, naturales y sociales, como las guerras y las dictaduras de rústicos caudillos que han plagado la historia nacional. En este orden cabe mencionar, de manera especial, que a la dictadura sandinista de los años ochenta que fuera calificada por el papa Juan Pablo II como “la noche oscura de Nicaragua”, el pueblo católico la resistió y venció fortalecido espiritualmente con la fe en María, quien se manifestó bajo la advocación de la Virgen de Cuapa en mayo de 1980.
En la actualidad, la imagen y el nombre de la Virgen María están siendo profanados por un nuevo poder caudillista que manipula la fe mariana del pueblo para tratar de apuntalar otra dictadura. Pero los verdaderos marianos rechazan y condenan ese sacrilegio y fortalecen su fe y su esperanza en que “con María vendrá la paz”, y con su paz, la libertad y la democracia.
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