El reflujo gastroesofágico es un estado anormal o patológico producido por el paso del contenido ácido del estómago o gastroduodenal al esófago y suele ser un síntoma distintivo la pirosis (Piro, en latín fuego).
Se trata de un trastorno común que afecta de un tres a cinco por ciento de la población general, en especial varones. Las embarazadas tienen frecuencia más alta de cuarenta y ocho a setenta y nueve porciento.
Entre los síntomas típicos encontramos en primer lugar la pirosis, sensación urente o “quemante” en el centro del pecho que llega hasta garganta y espalda.
Otros síntomas son eructos del contenido estomacal o regurgitaciones que se acompañan de sabor amargo-ácido. Este síntoma es más común después de una comida abundante y cuando la persona se inclina (agacharse).
La dificultad para tragar, en especial pan y carne, producido por estrechamiento del esófago puede convertirse en dificultad dolorosa al tragar (odinofagia).
Algunas personas presentan síntomas “atípicos” de este trastorno como ronquera o disfonía, asma, tos, hipo, necesidad de “aclarar” la voz cuando hablan, otitis en niños y erosiones de los dientes.
Algunas veces aparecen complicaciones raras como vómitos de sangre y severa inflamación del esófago o esofagitis, que en casos llega a dificultar el paso de alimentos y requiere operación quirúrgica.
Entre esófago y estómago existe un cierre o esfínter que se encuentra debilitado y eso permite el paso del ácido o contenido intestinal al esófago. El tratamiento médico procura superar las causas que debilitan funcionamiento de este esfínter, bloquea acidez gástrica y orienta modificaciones en el estilo de vida.
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