Colorín, colorado

Por: Moisés Hassan Morales

Ninguna sorpresa, la victoria en las recién pasadas elecciones le fue graciosamente adjudicada a Daniel Ortega. Estaba escrito en piedra —diría el señor Rivas si, contra su costumbre, se le metiera ser honesto. No considero ocioso, pese a ello, compartir algunas de las dudas que en esos días me asaltaban, y las explicaciones que ahora me doy.

Para empezar, me preguntaba cuál sería el porcentaje con el que Ortega decidiría triunfar. Desde luego, no se me ocultaba que la familia Ortega-Murillo sabía, como nadie, que la oposición, pese a ciertos parásitos, concurriría unida y les propinaría una soberana paliza. Se imponía, pues, hacer un fraude monumental.

Creo que la disparatada decisión de sacar el 62 por ciento fue adoptada partiendo de la creencia —no totalmente errada— de que sobraría quienes —entristecidos, indiferentes o felices— encontrarían, en los llamados programas sociales, a los responsables del brutal impacto. Y Ortega, acostumbrados nos tiene a sacar en las votaciones alrededor de doce por ciento menos de lo pronosticado por las encuestas, con esa justificación decidió poner patas para arriba la historia. Resolvió salir unos quince o dieciséis puntos arriba de lo que le concedían los más favorables vaticinios.

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  • Con algo de ingenuidad, creí posible que, por algún malévolo cálculo político, desde luego no por gratitud Ortega robaría algunos votos para su valetudinario exactivista. No comprendí que, si desesperado estaba Alemán por preservar su empleo, tan o más desesperado estaba Ortega por despedirlo. Y, colorín, colorado, este cuento apenas ha comenzado.

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Ortega ha cambiado —dijo cierto atribulado excoronel— y yo estoy parcialmente de acuerdo. Pues Ortega, si no ha cambiado, se empeña en cambiar, tan solo en un importante respecto: nadie ignora que embaucar ha sido su deporte predilecto. Y tal es su afición a tan despreciable entretenimiento, que hasta lo practicaba a solas, consigo mismo. Pero el momento llegó cuando algunos golpes —el de febrero de 1990, por ejemplo— tienen que haberlo ayudado a descubrir que no siempre es bueno engañarse a sí mismo. Creo que desde entonces se esfuerza en no engatusarse.

Y desechando autoengaños, Ortega y Murillo sabían bien lo que podían esperar de sus programas sociales; sin cegarse comprendieron que ellos podían ser un arma de doble filo. Que la inmensa mayoría de sus beneficiarios son los sojuzgados de siempre, sus “votos duros”. Que entre el resto de los favorecidos abundan quienes toman la limosna mascando su repudio hacia aquellos que, pudiendo y debiendo procurarles las oportunidades de dignificarse, los condenan a vivir como implorantes mendigos, de rodillas. Mientras, hay rabia entre la gigantesca multitud que quiso y no pudo alcanzar algo en el reparto…

Pero nada de eso les preocupó. Pues, la verdadera razón de ser de los benditos programas sociales consistía en que ellos proveerían una explicación razonable —a ingenuos, inexpertos o interesados— de cualquier fraude, no importando su magnitud. Y, así, Ortega decidió ganar con el 62 por ciento…

Otra duda rondaba mi mente. Una duda acaso algo candorosa. Pues me preguntaba si Ortega dejaría a Alemán con los escasos votos que —bien lo sabían ambos— sacaría, o le tiraría el salvavidas. Aclaro: yo no estaba engañado, no se me ocultaba que, de la misma forma en que desechó, cuando ya no le servía, al ingeniero Lacayo, rompería Ortega su pacto con Alemán, tan pronto lo considerara un limón exprimido. Lo que no sospeché es que ese momento había llegado, que Ortega pisaría, despiadadamente, las manos con las que su exservidor, ya inútil y fastidioso, se aferraba al cargo.

Con algo de ingenuidad, creí posible que, por algún malévolo cálculo político, desde luego no por gratitud —estúpida debilidad impropia de un cristianismo socialista y solidario— Ortega robaría algunos votos para su valetudinario —ahora sí— exactivista. No comprendí que, si desesperado estaba Alemán por preservar su empleo, tan o más desesperado estaba Ortega por despedirlo. Que, arriesgándose a incurrir en un autoengaño más, no perdería el tiempo en refinados cálculos políticos. Que Ortega solo roba para Ortega. Y, colorín, colorado, este cuento apenas ha comenzado.  

El autor es ingeniero, fue miembro de la JGRN.

COMENTARIOS

  1. ramontijerino
    Hace 15 años

    pobre resentido

  2. roberto
    Hace 15 años

    ahora es que comienza, Ortega, ya elimino a todos aquellos que lo llevaron de vuelta al poder, porque ya no le son necesarios, cuenta con 63 curuleros en la AN, para hacer y deshacer como a el le plazca la Constitucion, la cual el no respeta en lo mas minimo, seguramente y haciendose eco a sus compas del ALBA, va a incrementar su censura a la Prensa independiente del pais

  3. roberto
    Hace 15 años

    Antes de las tan llamadas votaciones presidenciales en Nicaragua, se corria una una bola en Managua en la cual se aseguraba, que las votaciones ya se habian llevado a cabo en las oficinas del flamante Sr. Rivas. Que los porcentajes de votos para cada candidato ya estaban predeterminados y lo unico que habia que esperar el dia oficial, para dar a conocer esos resultaos oficialmente. Y si vemos esos resultados, la vrdad no estaba tan lejos de lo que la bola decia, y como dice el articulista, esto

  4. miguel rafael
    Hace 15 años

    Estimado Moises, siepre me han gustado tus escritos, por que los mismos son claros y sinceros, y por que no decir visionarios, tus haz dicho hoy, que estamos comenzando, es una verdad que hay que decirla tambien en la calle, quizas, y espero que ahora la verdadera oposicion que es nuestro pueblo responda unido; se que desde estudiante en nuestra Universidad Nacional, haz sido un luchador verdaro por la Libertad e igualdad de todos los nicaraguense, te sugierio tomar la Bandera de la Oposicion.

  5. elhombredelamancha
    Hace 15 años

    A1. Ortega tiene un ego enfermizo, altamente atrofiado. Aparentemente disimil pero se parece a al general Somoza Debayle:
    los dos se han considerado los «unicos» capaces de dirgir el pais.
    2. Ortega sentencio, sabiamos que lo haria y, efectivamente, lo
    hizo: se robo descaradamente las elecciones.
    3. El FSLN engendro a este. Ahora Ortega se apropio de todo
    incluso ese partido. Y, nadie de los antiguos camaradas toma
    responsanbilidad, ni mea culpa. La aceptacion de responsabilidad
    implica accion.

  6. Sniper
    Hace 15 años

    Genial analisis, sobre lo que le sucedio al Dr. Aleman, lo mismo les va a pasar a la bola de lambriscosos, de facto, Rivas y compania, un dia acabada su mision Ortega les pateara el trasero y les dira «kiss it and good bye». Lo comico de todo esto es que cuando eso pase, aperecera otra generacion de arrastrados, corrompidos por un punado de cordobas; dando vida a otro ciclo de delincuentes politicos;(es que en Macondo esta es la mejor profesion brother, aqui el que no sapea no progresa)

  7. Pulgar e indice
    Hace 15 años

    Hassan es un camaleón. Se hartó bien durante la revolución. Cuando lo relegaron por sacar sus colores cambiante, se volvió opositor. Viejo zorro. Parásito como el mismo llamo a los otros.

  8. julio Larios
    Hace 15 años

    Adelante Moises, es una buena oportunidad. Muchos te apoyaríamos.

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