La comparsa de la OEA en octubre con Dante como el gran “acompañante” trajo recuerdos de las regionales del 2010 y del canciller bajándose del helicóptero del CSE evocando un Hassenfus rioplatense que dijo “ché yo no soy observador, pero todo lo veo normal”. No en balde el otro Dante (Alighieri) dedica el octavo círculo de su Inferno al fraude y los que lo cometen y a(com)pañan.
El Consejo permanente de la OEA fue incapaz de encontrar que si el modelo de conteo rápido no está intacto, no se puede acompañar, ni siquiera opinar, menos aún, avalar una elección llena de irregularidades como dijo el mismo Dante el domingo 6 de noviembre. Sin duda, con su radar “kaput” tras no poder entrar al 20 por ciento de las juntas y de que expulsaran violentamente a un acompañante OEA mal podría pronunciarse, como sí lo hizo, a favor de los resultados globales del CSE.
El secretario general Insulsa, tras apresuradamente felicitar al “ganador”, tuvo que admitir, ante Andrés Oppenheimer, que había cometido el “error” de aceptar por adelantado los resultados del CSE antes que él mismo y el Consejo Permanente tuvieran el informe de la Misión de Observación en sus manos y lo acogiera o rechazara total o parcialmente.
Los eurodiputados encontraron al proceso “viciado en un 35 por ciento de las mesas por tantos trucos y tantas fallas” y el Departamento de Estado se unió al coro al pronunciar parcializado al CSE, aún sin llegar a la conclusión que sin transparencia no puede haber verificación. Carter, como se esperaba, hizo lo suyo de “avalar” sin haber observado.
Fueron convidados de piedra a un evento cuidadosamente coreografiado, comenzando con la emisión partidizada de cédulas y un padrón inflado, negando selectivamente la cédula en lugares que históricamente votan contra el partido de gobierno.
Hubo lo que los norteamericanos llaman “gerrymandering” para modificar a su favor los distritos electorales de la RAAS consiguiendo así más diputados para el Gobierno.
Se deformó la conformación de las mesas para contar los votos sin presencia opositora. Si además en alrededor del 30 por ciento de las mesas no hubo fiscal PLI, puede concluirse que habrían demasiadas irregularidades para confiar en los resultados.
En cada nivel, desde mesas y centros de votación locales y municipales hasta el estadio Denis Martínez, hubo denuncias de masajeo de votos.
Teóricamente, bastaría con revertir un 16.5 por ciento de los votos (fácil si un solo partido un 35 por ciento de las mesas) para tener los siguientes posibles resultados: Gadea (47-16.5= 30.5) por ciento, Ortega (46+16.5=62.5) por ciento, Alemán 6 por ciento.
Además se equivoca Mendel, pues fue este mismo CSE y no los gobiernos anteriores los que desatendieron las recomendaciones de la UE en 2001 y 2006.
Bob Callahan dice que, según Marx, la historia se repite, primero como tragedia, después como comedia. Será Divina Comedia para Dante, pero Triste Tragedia para Nicaragua, como dice la Conferencia Episcopal, (en) “un ambiente lleno de recelo y prejuicio, que puso en entredicho la legalidad de las elecciones”.
Nuestro proceso electoral es un enfermo grave, y solo hacer recomendaciones para el futuro equivale a decirle al paciente que se lave las manos antes de comer y después de hacer sus necesidades, cuando se enfrenta a un ataque diarreico de cólera morbus. Si bien son prescripciones post mórtem, acaso nuestra democracia como el ave fénix encuentre en la calle la fuerza para resurgir de las cenizas.
El autor es economista y fue Canciller en 2002-2007.
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