José Rodolfo Paizano

Un llamado a la vigilancia

Con la fiesta de Cristo Rey terminábamos el año litúrgico; este domingo iniciamos el tiempo de advientos.

Adviento viene de adventus, venida, llegada, próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Forma una unidad con la Navidad y la Epifanía. El color a utilizar es morado; su sentido es avivar entre los discípulos misioneros de Jesús la espera del Señor, porque habla de los acontecimientos últimos y definitivos sobre el final de la historia del mundo. Y el evangelio para meditar este primer domingo es Mc 13, 33-37. Esta perícopa del evangelio de Marcos está dentro del capítulo 13 que viene a ser una instrucción sobre el tiempo; pero no se trata de cualquier tiempo, se trata de un tiempo previo al Reino de Dios. A este capítulo se le llama discurso escatológico.

Marcos nos invita a velar, la comunidad primitiva donde se mueve Marcos vivía en continua espera del Señor, partiendo de esta experiencia, es decir, la proximidad de la parusía se dirige a la comunidad, el “todos” final del verso 37, con palabra de Jesús, Marcos quiere indicar la unidad. Marcos quiere de manera exhortativa (parénesis) terminar su larga composición del discurso.

El velar en boca de Marcos y para nosotros ha de ser un estar preparado para la llegada del Señor, es decir, el discípulo ha de estar en vela para discernir los signos de los tiempos, es un tomar conciencia y responsabilidad frente a estos tiempos donde el creyente ha de leer el obrar de Dios y la llegada de su Reino; es hacer camino en justicia. El motivo es porque “nadie fuera de Dios conoce el día y la hora del fin”. De ahí que la actitud del discípulo-misionero de Jesús ha de ser: una preparación continua espiritual; que determina toda la vida del discípulo.

El discípulo-misionero no ha de vivir su vida desde una perspectiva del opio, existen personas que viven su vida atrapadas por las cosas, por la competencia, si el vecino se compró un televisor, ya queremos también comprar otro, las tiendas de comercio son hoy los nuevos templos donde se nos invita a adorar la moda, la ostentación. La gente camina muy agitada, vacía, desesperadas, incapacitadas para responder a su vocación de ser personas. Ante un mundo social inseguro, conflictivo, es peligroso que busquemos la puerta más fácil, la del escape, estamos tomando nuestra propia droga, que son esas formas de evadir la vida real.

Este tiempo de gracia que la Iglesia nos invita a vivir para el discípulo de Jesús no se debe de convertir en un tiempo de comercio para las fiestas de navidad, debemos de centrar todas nuestras fuerzas, mente y corazón en la gran noticia que nuestro Dios es un Dios cercano en su Hijo. Con oración confiada en Dios velemos mirando hacia el futuro, para no caer en la rutina. Marcos nos invita a estar atentos a Dios, a su llegada y acogerlo en el pobre, en el enfermo, en el necesitado. Es prepararnos para tener una buena muerte, ya que ese día, el día de la última llamada no sabemos ni cuando, ni a qué hora será. Los invito a que vivamos el adviento con actitud de esperanza. El autor es Rector del Seminario Arquidiocesano La Purísima.

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