EFE/VIDA
Este cantante extravagante, bigotudo y genial, falleció a los 45 años en Londres, un día después de confesar que padecía el sida.
Un 24 de noviembre de 1991 moría en su casa de la lujosa calle de Knighsbridge el solista de la influyente banda de rock británica Queen, lejos de los flashes y la atención mediática que lo persiguieron en los multitudinarios conciertos ofrecidos en vida.
“Freddie Mercury falleció pacíficamente esta noche en su casa de Kensington, en Londres. Su muerte es resultado de una bronconeumonía causada por el sida”, informó entonces su representante en un escueto comunicado.
Este hijo del Imperio británico, nacido en Tanzania y criado en la India, dejó atrás himnos como I Want To Break Free, Dont Stop Me Now o Bohemian Rhapsody , cantados con su voz única, con un registro de varias octavas, e interpretadas de forma teatral y operística, hasta crear un estilo imposible de imitar.
Algunos han copiado a Freddie Mercury, pero nadie ha sido capaz de emular la personalidad arrebatadora y carismática en escena de este “showman” de grandes dientes, que se convirtió en uno de los iconos de los ochenta, pese a que, según el mismo aseguraba, era bastante tímido.
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