Ver al coronel en retiro Víctor Boitano leer ante los medios oficialistas de televisión un documento en el que acusaba a dirigentes de la Alianza PLI, y a funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos de estar coludidos para “desestabilizar” al gobierno de Daniel Ortega trae a la memoria de los nicaragüenses lo vivido en los años ochenta.
En aquella época era común ver a los opositores al régimen que tenían la desgracia de caer en las manos de la temida Dirección General de la Seguridad del Estado (DGSE) como eran obligados, al mejor estilo estalinista, a salir en la televisión estatal, con declaraciones preparadas que debían leer, para acusar de supuestas “conspiraciones contrarrevolucionarias” a otros líderes y a la infaltable Agencia Central de Inteligencia (CIA).
La trama en la que a Boitano le ha tocado aparecer como primer actor tiene tantas fallas que es fácil ver la intención de desacreditar a los líderes de la oposición.
Lo primero que salta a la vista para cualquiera que escuchaba a Boitano en sus tiempos de férreo crítico del régimen orteguista es la ausencia de su característica verborrea. El excoronel sandinista tenía la capacidad de hablar hasta el cansancio de sus oyentes, pero el sábado en televisión se le vio leyendo lo que iba a decir, algo que nunca hizo antes, y leyó el documento a un ritmo dubitativo, como que si no lo hubiera escrito él.
Pero además está lo confuso de la situación bajo la que fue arrestado el domingo 16 de octubre, cuando su correligionario Enrique Quiñónez lo acusó de planear detonar granadas en actos políticos.
Lo que provocó la reacción de Quiñónez fue que Boitano, locuaz como es su personalidad, había anunciado que el lunes 17 revelaría en conferencia de prensa detalles de cómo supuestamente Quiñónez había vendido el tendido electoral de ALN al Frente Sandinista.
Sin embargo, a pesar de que el coronel en retiro fue arrestado bajo esas acusaciones, el juicio que se le inició fue por las lesiones que sufrió el ciudadano José Dolores Almendárez, quien resultó parapléjico víctima de un balazo en un incidente el 10 de agosto frente a la tarima que ALN había colocado para participar en la fiesta popular de “despedida” a la imagen de Santo Domingo.
Desde esa fecha hasta el 16 de octubre no hubo acusación formal pero con la detención de Boitano se abrió rápidamente el juicio ya que repentinamente él era el señalado de haber realizado el disparo. Almendárez llegó a los juzgados a acusar en una camioneta doble cabina que conducía un individuo que vestía una camiseta de la Juventud Sandinista.
Las cosas se veían mal para Boitano, pero de pronto, dos días después de las elecciones, el juez le dio casa por cárcel y dos semanas después apareció revelando la “conspiración”. Ahora nadie duda que Boitano será sobreseído en el juicio de Almendárez.
Es que la Policía y los tribunales se estén prestando sin el menor rubor para amedrentar a críticos del régimen como Boitano y es peor aún escuchar decir al fiscal electoral, un ex miembro de la DGSE, que investigará las “gravísimas acusaciones”.
Con este sainete hemos asistido al renacimiento de los métodos que creíamos ya enterrados de la tenebrosa Dirección General de la Seguridad del Estado.
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