Wilder Pérez R.
“En la vida no hay barreras, las barreras se las pone uno en la cabecita”.
Esas palabras son de un hombre que, a sus 37 años, nunca pudo ponerse en pie sin ayuda, perdió un riñón, podría perder el otro, y transita por la vida en muletas o silla de ruedas. Aún así, no deja de sonreír.
“Lo único que necesitamos es impulso”, añade Eydi Urroz, quien, al igual que al menos 450 niños en Nicaragua, nació con espina bífida, es decir, que los huesos de la columna no le protegen bien los principales nervios del cuerpo y como consecuencia tiene distintas limitaciones físicas.
Todos ellos celebraron este 20 de noviembre el Día Internacional de Espina Bífida, y la creación de la nueva Fundación de Padres de Hijos con Espina Bífida (Fundapheb).
La vida de estos niños y de sus padres no es fácil. Según la vicepresidente de la Fundapheb, Escarleth Real, hay niños que no sienten su cuerpo de la cintura para abajo, y es normal que tengan problemas en los riñones o hidrocefalia.
Gabriela Muñoz, madre de una niña con espina bífida, lo confirma. “Uno no está preparado para esto, pero con la ayuda médica y psicólogos, a veces se puede”.
La hija de Muñoz logró caminar, pero usará pámper de por vida. Algunos no lo logran, o tienen que realizarse diálisis.
Todavía no se sabe cuántos niños y adultos hay con espina bífida en Nicaragua, especialmente porque muchos no conocen la enfermedad. “Por eso creamos la fundación para que mi historia ni se repita”, dice Eydi Urroz.
10,000 córdobas por mes cuesta mantener la vida de estos niños, una cantidad que compite con el tratamiento de algunos tipos de cáncer en Nicaragua.
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