La clave del liderazgo exitoso tiene base en la credibilidad. La credibilidad es importante para cualquier líder, ya que las personas están más dispuestas a seguir a alguien si pueden creer lo que esa persona dice y hace.
En política, el liderazgo tiende a ser valorado éticamente desde las decisiones que tome un dirigente, pero la ética no está divorciada del pragmatismo.
A pesar del fraude de las elecciones generales y de la marca imborrable que llevará el espurio gobierno de Daniel Ortega por los próximos cinco años producto de ese robo, es evidente que Arnoldo Alemán ya es historia y él lo sabe. Si acaso Alemán todavía tiene un ápice de aprecio por el PLC debe alejarse totalmente del partido.
Si es cierto que Alemán dejará que surjan nuevos líderes en el PLC, no debe pretender incidir en la decisión porque si no, quien surja no podrá nunca más borrar la sombra del derrotado excaudillo liberal ni de su familia. Si Alemán usa su dedo, otra vez, quien sea bendecido está condenado al olvido y el anonimato, como ha sucedido con todos los presidentes que ha tenido el PLC en su corta historia. Nadie recuerda quiénes han sido porque de hecho quien ha manejado ese partido ha sido Alemán.
En el otro bando, donde ahora surge la única oposición representada por el Partido Liberal Independiente y en la que don Fabio Gadea jugó un papel importante manteniendo viva la esperanza del cambio, quien está llamado a consolidar esa posición durante los próximos cinco años es Eduardo Montealegre, pues los tentáculos del orteguismo no pudieron ocultar los casi 800 mil votos que los nicaragüenses decidieron otorgar a don Fabio y a la Alianza PLI.
Pero Montealegre tiene ahora no solo la responsabilidad sino el deber de que esa confianza depositada en su liderazgo llene las esperanzas y ansias de libertad y democracia a que se refieren los obispos en el comunicado en el que denunciaron el fraude.
Montealegre no debe tener miedo. Una de las mayores críticas a su liderazgo ha sido, precisamente, su falta de firmeza a la hora de tomar decisiones y en esta ocasión, no debe vacilar y enfrentar la realidad. Tiene que agarrar al toro por los cuernos y ese toro es Daniel Ortega.
La tarea de Montealegre no es fácil. Debe organizar y consolidar un verdadero partido político, con un pensamiento ideológico y propuestas claras para los nicaragüenses en todos los temas que les afectan.
Pero además la Alianza PLI hacer verdadera oposición, desarrollar estrategias inteligentes desde las que, aún en esta posición de desventaja que el fraude lo colocó, este pueda entusiasmar al pueblo, que tiene décadas de estar huérfano de verdaderos líderes.
Aunque parezca paradójico, Montealegre tiene una ventaja: Ortega lo necesita. Lo necesita para que puedan ser viables los acuerdos con el FMI, para evitar que los últimos cooperantes europeos abandonen el país, para obtener los waivers de la Administración Obama, ya que todo eso está hoy en peligro por los excesos de los fraudes.
Si Montealegre y la Alianza PLI quieren catapultar su liderazgo deben aprovechar esa necesidad para arrancar de las manos del dictador las instituciones republicanas, comenzando por el Consejo Supremo Electoral. Esta es probablemente la última oportunidad de hacerlo.
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