Continúan muriendo los amigos del presidente venezolano Hugo Chávez. El último ha sido Muamar Gadafi, el troglodita libio del poder que gobernó con mano dura durante 42 años. El hombre que gustaba vestir de forma estrafalaria y que se creía dueño de ese país, murió como posiblemente jamás pensó.
Sus últimos minutos permaneció vivo en manos de sus enemigos, una vez muerto fue expuesto al público en una cámara de refrigerio y luego enterrado en el desierto, sin honores, sin familia, sin amigos, en una ceremonia donde solo pudieron asistir unas pocas personas.
Chávez consideró que la muerte del líder libio Muamar Gadafi es un “asesinato” que constituye “un atropello más a la vida”, y afirmó que su exiliado será recordado como un “mártir”. Si fue un asesinato o no nunca lo sabremos, pero Gadafi solo será recordado como un mártir por Chávez y unos pocos. La mayoría en el mundo no podrá olvidar la verdadera historia de este personaje y tal vez lo recuerden más por sus extravagancias que por otra cosa.
Pero la forma y las circunstancias de la muerte de su amigo deberían hacer pensar al presidente venezolano. Esas imágenes dantescas de la muerte de Gadafi divulgadas al mundo, deberían hacer reflexionar a cualquiera que esté en sus cinco sentidos. Reflexión que deberían hacer no solo él, sino todas aquellas personas que le rodean, familiares, militares, ministros, socios y toda esa nueva clase social llamada los “boliburgueses” que se han servido en bandeja de plata y a manos llenas durante los últimos 12 años, porque lo que les espera en el tiempo —en el mejor de los escenarios— será dar cuentas a la justicia y al resto de los venezolanos.
Esas imágenes también tienen que haberle traído recuerdos horribles al presidente Chávez, recuerdos sobre los muertos que él y sus “compinches” causaron producto del fallido golpe militar contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, en febrero de 1992.
En el 2006 Chávez ya había visto morir a otro “pana” suyo, Saddam Hussein, quien fue condenado por un tribunal a la horca sin pena y sin gloria, y un año atrás se vio obligado a despedirse también de su amigo el expresidente argentino Néstor Kirchner, quien murió con tan solo 60 años de edad.
Este año como se sabe, al presidente Chávez se le descubrió un cáncer que, según dicen los expertos, es terminal. El periodista y analítico político venezolano Roberto Carlo Olivares recién acaba de publicar un artículo en su blog titulado El dictador moribundo y converso, donde nos pone al día al respecto, y nos dice entre otras cosas que “el cáncer retroperitoneal del músculo Psoas (Rabdomiosarcoma), de Hugo Chávez, no ha podido ser contenido y ha metastizado hacia el hígado y posiblemente el páncreas”. Nos explica además que “la cavidad retroperitoneal se sitúa en la parte abdominal y la pelvis, situada detrás del peritoneo, que contiene, entre otros órganos: el páncreas, los grandes vasos abdominales, los riñones y las glándulas suprarrenales”.
Si esto último es cierto o falso, solo el presidente Chávez y sus allegados lo sabrán, pero todos estos hechos juntos nos hacen pensar sin duda alguna que la muerte ronda al jefe del palacio presidencial venezolano. El autor es consultor de Bienes Raíces.
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