El primero de enero de 1990, en horas de la tarde, se celebró en la Plaza de la República una misa campal presidida por el cardenal Miguel Obando. La plaza no estaba completamente llena, porque el miedo dominaba entonces a muchos nicaragüenses. Un mes y veinticuatro días más tarde debían celebrarse las elecciones del 25 de febrero de 1990, en las cuales Daniel Ortega y el FSLN pondrían en juego el poder obligados por la guerra de resistencia de la Contra, por la lucha política de la oposición civil y por la presión de la comunidad internacional, sobre todo por los Acuerdos de Esquipulas que habían adoptado los presidentes centroamericanos para impulsar la democratización, la reconciliación y la paz en Centroamérica.
En el sermón de aquella misa campal del primero de enero de 1990, el cardenal Obando dio a conocer al pueblo un decálogo del votante, o sea diez puntos de principios fundamentales, humanistas, éticos y cívicos, que de acuerdo con el magisterio de la Iglesia los ciudadanos católicos y de otras confesiones debían tener en mente en el instante cuando estarían a solas con su conciencia y decidirían el voto secreto que iban a depositar en la caja o urna electoral.
Para sobornar a la ciudadanía y conseguir los votos que necesitaba, el régimen autoritario de Daniel Ortega regalaba a montones toda clase de objetos materiales que le llegaron de los países comunistas, los cuales eran mucho más valiosos que las latas de zinc y demás cosas que ha regalado en la actualidad. Por eso, en la parte central de su sermón el cardenal Miguel Obando hizo un llamado a los ciudadanos nicaragüenses a no vender su voto a cambio de efímeras chucherías y dádivas, ni siquiera de objetos de apreciable valor material. “Es degradante cualquier tipo de regalo que pretenda influir en la decisión del voto. La conciencia no se vende, la conciencia reflexiona”, expresó el cardenal Miguel Obando, elevando su sonora voz que, lógicamente, en aquel tiempo era más enérgica que ahora.
Muchas cosas cambiaron desde entonces pero algunas situaciones permanecen iguales, o se repiten, porque la naturaleza humana es pertinaz y la cultura política nicaragüense es reincidente. Algunos personajes que en 1990 estaban en la acera de la conciencia digna y la lucha por la democracia, ahora están en la orilla opuesta. El regalo degradante que pretende sobornar al ciudadano e influir en la decisión del voto, se está repitiendo en el mismo lado y con el mismo candidato, solo que ahora son otros sus aliados y oráculos. Por lo tanto, hoy, en víspera de las cruciales elecciones de 2011, aquellas palabras del cardenal Obando recobran actualidad y tienen la misma validez que tuvieron para los históricos comicios de 1990. Las repetimos: “Es degradante cualquier tipo de regalo que pretenda influir en la decisión del voto. La conciencia no se vende, la conciencia reflexiona”.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 A