En toda sociedad hay mitos que de tanto repetirse terminan considerados por muchas personas como si fueran realidad. Tal es el caso en Nicaragua del llamado güegüensismo político, que incluso ha trascendido las fronteras nacionales.
Hace dos semanas el exembajador de Estados Unidos en Nicaragua, Robert Callahan, y el analista estadounidense doctor Ray Walser, escribieron y dieron a conocer un artículo en el cual señalan que a pesar de que las encuestas dan como amplio ganador de las próximas elecciones a Daniel Ortega, este “teme que la gente esté mintiendo a los encuestadores. Es lo que los nicaragüenses llaman el “Güegüense”, o el arte del engaño inteligente”, escriben Callahan y Walser.
También el escritor cubano-español Carlos Alberto Montaner abordó el tema en su columna internacional que fue publicada en LA PRENSA del domingo recién pasado, el cual fue titulado precisamente “Nicaragua y el factor güegüense”. En su artículo Montaner menciona que un “experto” norteamericano que hizo encuestas en Nicaragua para las elecciones del 25 de febrero de 1990, las cuales aseguraban un abrumador triunfo de Daniel Ortega pero en las votaciones resultó al revés, decepcionado por su fracaso dijo que el nicaragüense es “un pueblo de mentirosos”. Esto es falso, refuta Montaner, quien asegura que el pueblo de Nicaragua es cauteloso, “que es algo muy diferente”.
En realidad, los nicaragüenses que ocultan su intención de voto y sus verdaderas opiniones políticas, lo hacen por temor a las represalias directas o indirectas de un régimen autocrático, intolerante y vengativo como es el de Daniel Ortega y el FSLN. Pero esta actitud defensiva o precaución de la gente no es exclusiva de los nicaragüenses. Es una conducta humana que se manifiesta en todas partes donde no hay libertad y la expresión de opiniones contrarias al gobierno expone al opinante a riesgos o castigos.
Si en Cuba se pudieran hacer encuestas y preguntar a los ciudadanos por quién votarán en las próximas elecciones del “poder popular”, la totalidad de los encuestados o casi todos responderían que por los candidatos del Partido Comunista. Y no solo porque allí no hay otros sino porque el instinto de autodefensa obliga a los cubanos a simular y ocultar lo que piensan y quieren.
En materia de encuestas no se puede comparar a Nicaragua con Chile, Colombia o Costa Rica, países donde todas las personas expresan libremente sus opiniones y revelan con franqueza su intención de voto, sin temores de ninguna clase. A Nicaragua hay que compararla con Cuba, con Siria, con la Libia de los tiempos del extinto Gadafi o con cualquiera de esos desdichados países donde se reprime a los críticos y opositores y las políticas públicas se usan como instrumentos para favorecer o castigar.
Según los psicólogos el miedo permite a la persona tomar precauciones, sobrevivir, protegerse de las amenazas, tener respuestas de escape y evitar situaciones peligrosas. Lo cual es válido tanto para el nicaragüense como para todos los seres humanos en general.
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