Carlos Alberto Montaner

Nicaragua y el factor güegüense

Los nicaragüenses votarán el 6 de noviembre. Están en juego la Presidencia, 90 escaños del congreso nacional y 20 del Parlamento Centroamericano. Según algunas encuestas, Daniel Ortega ronda el 40% de intención de votos, Fabio Gadea el 30 y Arnoldo Alemán el 10. El problema es que es muy difícil hacer encuestas en Nicaragua. El “factor güegüense” lo impide. ¿Qué es eso? El Güegüense es un personaje del más antiguo (y elaborado) teatro colonial nicaragüense. Va enmascarado, engaña, defiende astuta y solapadamente sus intereses, oculta sus intenciones.

La primera vez que escuché hablar del “factor güegüense” fue tras las elecciones de 1990. Según casi todas las encuestas, incluidas las que manejaban España y Estados Unidos, Daniel Ortega le iba a sacar casi 20 puntos a Violeta Chamorro. Pero sucedió a la inversa: Doña Violeta barrió a su oponente en las urnas. Creo que solo acertaron dos hábiles encuestadores extranjeros, Víctor Borge, de Costa Rica y Alfredo Keller, de Venezuela. Ambos introdujeron en sus indagaciones elementos que les permitían descontar mentiras y dobleces.

Cuando se supieron los resultados aquello fue un terremoto político. Los encuestadores fallidos dieron una extraña explicación: habían votado cientos de miles de güegüenses. Gentes que decían una cosa y hacían la contraria. Recuerdo a un “experto” norteamericano que me dijo, decepcionado por su fracaso: “este es un pueblo de mentirosos”. Falso: es un pueblo de cautelosos, que es algo muy diferente. Los nicas aprenden muy pronto, tal vez en la infancia, que la afirmación “solo la verdad os hará libres”, atribuida a San Juan, probablemente es cierta en el lago de Tiberíades, pero en el de Nicaragua te puede llevar directamente al desastre. Por eso la gente oculta sus intenciones.

La observación viene a cuento de un artículo de Pedro Joaquín Chamorro publicado en LA PRENSA de Managua. Pedro Joaquín, político y periodista, muy cercano a la candidatura de Fabio Gadea, un exitoso empresario y comentarista radial con fama de hombre bueno y honrado, cree que los nicas, otra vez, están ocultando sus verdaderas intenciones electorales. Le tienen miedo al sandinismo y mienten o no se manifiestan. ¿Cómo lo sabe Pedro Joaquín? Lo intuye, porque ha recorrido el país junto a Gadea en una campaña política casi sin recursos económicos, basada en el cara a cara y el apretón de manos, y ha percibido la misma cálida complicidad que acaso existía en 1990, época en que los nicaragüenses ponían cara de póquer y sonreían cuando les hablaban de sandinismo y revolución, aunque estaban secretamente decididos a votar por la democracia y la libertad.

Mi impresión es que esta vez será más difícil derrotar a Ortega. La oposición va a los comicios amargamente dividida y tiene que ganarle, en primer lugar, a Hugo Chávez con sus cientos de millones de petrodólares, que es el gran elector. Chávez y Ortega han creado una empresa privada, Albanisa, que opera como a ellos les da la gana, con la que el venezolano compra influencia internacional para el sainete del Socialismo del Siglo XXI con dinero del patrimonio público, mientras el nica dispone de un inmenso cofre para adquirir clientela política y perpetuarse en el poder comprando votos con regalos y favores.

Porque exactamente de eso tratan estas elecciones: perpetuarse en el poder. Daniel Ortega, que ya violentó la ley y, con el auxilio de unos magistrados absolutamente dóciles que se pasaron la ley por el forro de la Constitución, consiguió que se anulara la prohibición a la reelección consecutiva, durante el próximo gobierno hará aprobar una norma que le permita ser presidente del país mientras tenga deseos de ocupar la poltrona. O sea, hasta que la muerte los separe.

¿Cuánto va a durar el “danielismo”? En realidad, es difícil saberlo, pero los fundamentos políticos y económicos de la familia política a la que pertenece —el Socialismo del Siglo XXI— son muy débiles. Si Cuba era la referencia ideológica, hace ya unos cuantos años que dejó de serlo, no solo por el inocultable fracaso de ese modelo, sino porque el gobierno de Raúl Castro, a estas alturas de la historia, no tiene la menor idea de a dónde piensa llegar en su intento por corregir las barbaridades hechas por su hermano durante medio siglo de delirios. Y si Venezuela es la chequera inagotable del grupo, tal vez pronto abandone ese costoso rol. ¿Cuándo? Probablemente, cuando Hugo Chávez salga de la escena como consecuencia de su precaria salud o de sus infinitos y hábiles adversarios políticos. Daniel Ortega, en suma, aunque desee perpetuarse en el poder, pende de un hilo bastante delgado que acabará enredado en sus tobillos. También caerá.  

Escritor y periodista cubano

COMENTARIOS

  1. Carlitos trucutrei
    Hace 15 años

    AAAAAMMMMMEEEENNNN!!!!

  2. Francisco
    Hace 15 años

    La verdad duele!

  3. facundopicado
    Hace 15 años

    Cual Chavez señor Montaner aqui los sin miedo le ganan a los que por mucho timpo le infundieron miedo a la poblacion, aqui ya no existe el miedo , aqui ya prevalece la consciencia critica, no ingenua que era la que las fuerzas de derecha explotaban cada campaña, se acabo eso señor Montaner

  4. Gustavo Bonilla Zapata
    Hace 15 años

    No son los petrodolares de nadie los que aseguran el triunfo de Daniel Ortega, ni es un Dictador, quiza Batista para ti haya sido un heroe y para los cubanos que deseando vivir el sueño americano se largaron de su patria y en vez de condenar a quien por 50 y pico de años mantienen un bloqueo criminal economico, financiero y politico sobre todo el pueblo hermano de Cuba, condenan al sistema que les ha traido tantos logros. Periodistas se autollaman ustedes y la objetividad? y la imparcialidad?

  5. azzelue
    Hace 15 años

    claro que el dinero compra conciensia y mas en este pais donde hay tanta nesecidad donde la gente a perdido la dignidad y se vende por unos pesos por eso yo digo nada es para simpre y no hay mal que dure sien años ni cuerpo que lo resista cuando y cuando a dani se le acaben los petro dolares alli si va a ser otro gayo el que nos cante

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