De 1979 a 1990 nuestro país estuvo gobernado por un régimen totalitario de corte comunista. Muchos se refieren a este proceso como “el período de la revolución”; sin embargo, en honor a la verdad y conocimiento de los jóvenes, debo decir que fue una dictadura totalitaria y comunista, similar a la de Cuba la que ejercieron los nueve comandantes en esos años.
En este artículo no me refiero al comunismo voluntario que practicaron los apóstoles; ni al desarrollado en las comunas productivas de los kibutz israelitas; sino al comunismo manipulado, promovido por el marxismo-leninismo como una forma de masificar al ciudadano. La monumental obra El libro Negro del Comunismo documenta ampliamente cómo el comunismo exterminó a más de 100 millones de opositores en el mundo, practicando un genocidio peor al ejecutado por los nazis de Hitler.
El comunismo marxista tuvo su auge durante más de 70 años, de 1917 a 1989, período en que la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) financiaba el expansionismo del sistema a nivel mundial. Los kémeres rojos de Pol Pot en Kampuchea, la revolución zuche de Kim Il Sung en Corea del Norte, los bolcheviques rusos, el chino Mao Tse-tung en China, entre otros, fueron sistemas comunistas de los más criminales y represivos.
En América Latina, Cuba funcionó como un satélite para dirigir los movimientos guerrilleros a través del continente. Solo en Nicaragua después de Cuba, el expansionismo comunista alcanzó el poder en el contexto de la guerra fría. El comunismo pregonaba la abolición de la propiedad privada, el exterminio de la clase media, a la cual decretaba como la pequeña burguesía y promovía la lucha y el odio de clases; añoraba la dictadura del proletariado y consideraba a la religión como opio del pueblo. El afán de los nueve comandantes sandinistas de instaurar el comunismo fue el causante de la guerra civil que costó más de 50,000 muertos y la destrucción del aparato productivo de la nación.
Los sandinistas a partir de 1979, fanatizados por la ideología marxista, luchan por inculcar el ateísmo en nuestra población. El sandinismo fue el primer sistema en la historia nacional en promover el ateísmo de Estado. Miles de internacionalistas cubanos, soviéticos y de otras naciones llegaron a nuestro país a desarrollar sus planes totalitarios que incluían arrancar de la conciencia popular el evangelio de Jesucristo. Un pueblo sin Dios es presa fácil de una ideología totalitaria. La campaña de alfabetización fue un instrumento de adoctrinamiento ideológico, donde no faltó quienes promovieran el ateísmo entre el campesinado.
En el libro del historiador norteamericano David Stoll, América Latina se vuelve protestante , disponible en la web, y en Cristianos bajo fuego del doctor Humberto Belli, se leen innumerables testimonios de la cruel persecución religiosa que los sandinistas desarrollaron durante su primer mandato y el pueblo se opuso a sus intenciones desde los primeros días de la tiranía comunista.
En Nicaragua a diferencia de Cuba, los jerarcas sandino-comunistas nunca se atrevieron a decretar constitucionalmente el Estado ateo, como sí lo declaraba la Constitución cubana vigente desde 1976. Esta Constitución cubana, comunista y atea, fue reformada hasta en 1995, fecha en que se declara a Cuba como un Estado laico. Cuba tiene una población atea superior al 50 por ciento, es una nación esclavizada por más de 50 años. El autor es abogado. Miembro de la Iglesia bautista
En Nicaragua a diferencia de Cuba, los jerarcas Sandino-comunistas nunca se atrevieron a decretar constitucionalmente el estado ateo, como sí lo declaraba la Constitución cubana vigente desde 1956.
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