Las múltiples trampas y arbitrariedades que se han venido poniendo e imponiendo en el proceso electoral, sin duda que son con el propósito —entre otros— de desalentar a los ciudadanos opositores e independientes e inducirlos a no votar en las próximas elecciones. Lógicamente, entre menos ciudadanos voten también sería menor la magnitud del fraude que el Consejo Supremo Electoral de facto necesitaría hacer para justificar el “triunfo” de Daniel Ortega con el porcentaje que anuncia en sus encuestas.
Sin embargo, a juzgar por los acontecimientos que han venido ocurriendo, los magistrados electorales de facto no están consiguiendo su propósito de inducir a la abstención de los ciudadanos demócratas. La verdad es que los observadores internacionales extranjeros —o mejor dicho los europeos, que realmente son los únicos confiables— deben estar impresionados por la insistencia, la vehemencia e incluso el dramatismo con que los ciudadanos nicaragüenses que no forman parte del borreguismo oficialista, quieren ejercer su derecho a votar y reclaman que sus votos sean respetados.
Las demostraciones cívicas de ciudadanos que reclaman sus cédulas para ejercer el derecho de votar, la intrepidez de los jóvenes que denuncian y repudian las trampas y arbitrariedades del Consejo Supremo Electoral de facto, el dramático caso del maestro que sacrifica su salud y arriesga su vida en una huelga de hambre de protesta por la manipulación electorera oficialista de los estudiantes de secundaria y la utilización abusiva de los centros escolares públicos, son solo algunas de las admirables demostraciones de la voluntad de un pueblo que sin duda está integrado mayoritariamente por ciudadanos que se resisten a permitir que les arrebaten el derecho de elegir a sus gobernantes, ni quieren ser obligado a volver a las luchas de guerrillas y de barricadas, para reclamar su libertad y tumbar a otra dictadura.
El magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Sergio Cuarezma Terán, quien está fuera del servicio judicial porque es el único que defiende la independencia y la dignidad del poder judicial sometido y pervertido por el orteguismo, resumió el sentimiento político y la voluntad democrática de los ciudadanos nicaragüenses al señalar en declaraciones que brindó a LA PRENSA y fueron publicadas el miércoles de esta semana, que “la población sabe que sin perjuicio de las condiciones en que va a votar, debe hacerlo, porque de lo contrario ese derecho puede olvidarse y perderse. Por eso hay que votar por Nicaragua. Aunque el sistema esté viciado y al margen de la Constitución Política, y aunque no sea nuestra intención, estaremos reconociendo con nuestro voto el deseo de reencauzar al país al orden constitucional”.
Es que su gran mayoría, los ciudadanos saben que el sufragio individual libre es el pilar de la democracia y que por lo tanto no deben renunciar al ejercicio del voto ni permitir que les arrebaten el derecho de elegir.
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