En el mensaje de la Conferencia Episcopal de Nicaragua emitido el 7 de octubre corriente, “en ocasión de las elecciones nacionales del 6 de noviembre de 2011”, los obispos definen el perfil del buen candidato presidencial y al mismo tiempo, por deducción, también caracterizan a los malos candidatos.
Dicen los obispos en su mensaje que: “Además de prestar atención a los distintos programas de gobierno, hay que tener en cuenta el perfil de los candidatos. Hay que conocer su vida, lo que ha hecho por nuestro país, la historia de cada uno y de sus equipos y su propia competencia para gobernar con justicia y honestidad. Que nuestro voto sea por un candidato que respete la Constitución Política del país y de sus instituciones democráticas, que sepa gestionar con responsabilidad las relaciones internacionales de la nación y que no tenga un historial de corrupción. Debemos preferir un candidato que tenga sensibilidad ante el sufrimiento de los más necesitados y que sea respetuoso de los derechos humanos, culturales y ambientales. Un buen candidato es aquel que, siendo firme en sus propias convicciones, no se cierra en sus ideas ni es intolerante frente a los demás, sino que pone siempre adelante el bien de todo el pueblo por encima de los intereses de su organización o partido”.
La Iglesia católica está integrada por toda clase de personas, incluyendo partidarios de las distintas opciones electorales y a quienes no simpatizan con nadie. De manera que a algunos católicos les molesta que el mensaje de los obispos sea interpretado, sobre todo si las interpretaciones no coinciden con sus sentimientos políticos. Pero si los obispos han puesto su mensaje a disposición de los fieles católicos y de todos los ciudadanos nicaragüenses, es para que lo interpreten y discutan, para que se orienten y apliquen sus votos, si así lo tienen a bien, a las orientaciones y definiciones contenidas en el mensaje pastoral.
En la parábola del sembrador, del evangelio de San Mateo, Jesús expresó la sentencia sabia e imperecedera de que “el que tenga oídos que entienda”. Y tal es sin duda el sentido del mensaje de los obispos sobre las próximas elecciones, el cual está absolutamente claro en todos sus aspectos y particularmente en lo que se refiere a por quién no se debe de votar y a quién hay que dar el voto en los comicios del domingo 6 de noviembre.
En realidad, se conoce muy bien qué ha hecho por o contra el país cada uno de los cinco candidatos y quién está mejor dotado para gobernar con justicia, tolerancia, compasión y honestidad. Se sabe quién ha irrespetado la Constitución y las instituciones democráticas. Está a la vista el que ha manejado irresponsablemente las relaciones internacionales de la nación, así como el que tiene un denso historial de corrupción. De manera que no hay cómo ni dónde perderse. Quien tenga ojos que vea.
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