Idependencia emocional

Nuestra relación de pareja está arribando a 47 años, cinco de noviazgo y 42 de matrimonio. En este contexto estaremos dedicando la columna durante varias semanas a transmitir nuestra experiencia a otras parejas, tanto a las que han llegado al fondo del barril o que ya están topadas, como a las que se encuentran viviendo los primeros tiempos de relación, o para quienes su matrimonio aún es un proyecto que está por iniciar.

Por: Velia y Raúl Obregón

Nuestra relación de pareja está arribando a 47 años, cinco de noviazgo y 42 de matrimonio. En este contexto estaremos dedicando la columna durante varias semanas a transmitir nuestra experiencia a otras parejas, tanto a las que han llegado al fondo del barril o que ya están topadas, como a las que se encuentran viviendo los primeros tiempos de relación, o para quienes su matrimonio aún es un proyecto que está por iniciar.

Los tiempos de noviazgos fueron de mucha fantasía, aun cuando, enfrentamos dificultades, principalmente por comportamientos inadecuados, provocados entre otras causas por adicción alcohólica en la etapa de adolescente de Raúl, y por creencias potenciadoras de actitudes machistas juveniles.

Nos unimos en matrimonio siendo Velia una adolescente de 17 años y la menor de sus hermanas, y Raúl un joven de 21, el menor de los varones. Ambos generábamos ingresos. Contra pronóstico, los primeros 18 meses representaron una continuación del noviazgo, éramos el uno para el otro, nos teníamos mucha confianza, las expresiones de cariño eran parte de nuestra vida diaria, compartíamos todo, parecíamos muy maduros, sin embargo, cuando enfrentamos el primer conflicto de relativa importancia, de índole familiar, el castillo que veníamos construyendo se vino el piso, se inició una nueva y difícil etapa en nuestras vidas de pareja, y entramos en un periodo de turbulencias que duró aproximadamente 31 años.

La relación caracterizada por la sana convivencia, de actuar como equipo, ser de un mismo pensar, un mismo sentir y un mismo actuar, en donde se aplicaba la negociación aún en detalles de aparente insignificancia, se convirtió en un campo de batalla, ahora prevalecían: la desconfianza, la confrontación, las actitudes defensivas, las palabras groseras y ofensivas, etc.

¿Qué hizo naufragar aquella relación tan bonita? Después de muchos años de reflexión, hemos llegado al convencimiento que nuestras familias nos siguieron viendo como los “cumiches” y se sintieron con derecho de inmiscuirse en nuestra relación; además, no teníamos ni la mas mínima idea de cómo enfrentar conflictos, estábamos acostumbrados a la fantasía del noviazgo.

Dios en su inmensa sabiduría establece: “Se unirá el hombre a la mujer, dejarán a padre y madre, y serán una sola carne”. Él nos instruye para que edifiquemos una nueva familia.

Matrimonios, hay que honrar a padre y madre, pero dejen de depender de ellos. Si aun no está preparado emocional, económica o profesionalmente invierta tiempo en lograrlo y luego opte por el matrimonio, no queme etapas.

Queremos saber más de ustedes. Les invitamos a escribirnos al [email protected] y a escucharnos en radio Maranatha 103.5 FM los domingos a las 5: 00 p.m.

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