Por Fátima Arellano
Fluyen gotas cristalinas. Nacen en el alma, fuente inagotable de vida. Corren unas tras otras sin cesar. Una lágrima por cada palabra. Una sonrisa por cada victoria. Aún hay dolor, se siente en el ambiente. Penetra en los poros y en la mente el rostro de aflicción, temor e incertidumbre de cada mujer.
Si se calla el cantor, calla la vida, porque la vida, la vida misma es todo un canto. Si se calla el cantor, muere de espanto la esperanza, la luz y la alegría, se escucha en la voz de Mercedes Sosa, Si se calla el cantor, una de las tantas canciones que todos los viernes militantes del gobierno suena a todo volumen en el Centro Nacional de Radioterapia.
En la memoria no hay olvido, y ellas lo saben. Son un “milagrito de Dios”; así lo testifican quienes ya enfrentaron lo más difícil: la muerte, como Crismarc Bojorge a quien esperamos afuera del centro de radioterapia. El 28 de diciembre de 2010, tras la pérdida de su segundo embarazo, le detectaron en su seno derecho un tumor canceroso que medía nueve centímetros por siete, en tercera etapa. Por su rápida evolución, el 2 de febrero de este año le realizaron una mastectomía radical. “Me daban el 25 por ciento de probabilidad de vida, pero acá estoy porque Dios me ama. Él me sanó y puso en mi camino ángeles que me apoyaron incondicionalmente”, agradece Crismarc, quien también reconoce el amor que su esposo Byron Mairena siente por ella, ya que al verle caer su cabello, él se lo cortó por completo como muestra de solidaridad.
Lo peor ya pasó, pero la lucha continúa. Crismarc aún debe recibir 25 radioterapias para evitar una recurrencia. Ella es un ejemplo viviente de que el cáncer de mama no es el fin, así como también lo transmite Sonia Bravo, de 41 años, originaria de Masaya, quien luchó contra un cáncer que atacó su mama izquierda hace seis años. “Cuando me diagnosticaron cáncer, sentí miedo, mucho miedo. Ya había escuchado de otras mujeres que si uno se sentía algo extraño en el seno era cáncer. Yo ya tenía el pezón hundido y solo me percaté hasta que me hicieron los exámenes. Ese día no paré de llorar”.
Aquellas lágrimas que manifestaron dolor y angustia, hoy las cambia por una hermosa sonrisa, como testimonio para las mujeres que están padeciendo de cáncer. “Dios puso en mi camino personas de gran corazón que me extendieron su mano. Mi familia me apoyó en todo momento y mi esposo no dejó que me derrumbara. Cuando le conté que tenía cáncer me dijo: ‘¿Qué temes? ¡Dobla rodilla y pídele con fe a Dios que todo lo puede!’”.
Una vez que Sonia supo su diagnóstico, acudió a la Fundación Ortiz Gurdián (FOG), para recibir apoyo con todo el tratamiento. En diciembre de 2006 le extirparon su seno, “pero eso no es nada comparado con la vida. Yo solo quería vivir”. Así como a ella la atendieron, actualmente la fundación reporta 322 casos al mes de mujeres vistas por primera vez y 571 consultas de seguimiento, de acuerdo con las cifras que proporcionó el internista y oncólogo Alfredo Saavedra. “Hasta agosto de este año, sin incluir septiembre y octubre, hemos atendido a 2 mil 577 mujeres ya diagnosticadas, de las cuales 36 pacientes acudieron en estado temprano y 12 en tardío; 63 mujeres están recibiendo quimioterapia y 125 hormonoterapias. También estamos operando a ocho mujeres por mes”.
Erling Baquedano es una de las 63 mujeres que están en tratamiento de quimioterapia. Ella tiene 31 años y hoy está cumpliendo dos meses de haber sido operada de un cáncer localizado en su mama derecha. “Aún me faltan cuatro quimioterapias, pero yo me siento feliz de estar viva, porque eso es lo más importante. También agradecida con Dios porque mi esposo y mi familia me consienten mucho, principalmente con la alimentación, porque este tratamiento es demasiado tóxico y debilita mucho”.
Tras haber enfrentado el cáncer en su seno izquierdo, María Elena Obregón, originaria de San Rafael del Sur y de 41 años, es una de las 125 pacientes que está recibiendo hormonoterapia. Con lágrimas, aún consternada y con su rostro entristecido dice que el cáncer “es lo más horrible. Solo pensar que me iba a morir y que iba a dejar en orfandad a mis dos hijos, hasta tuve que vender mi casita porque no contaba con todos los recursos. Ahora mis hijos y yo vivimos en casa de mi mamá. Por cinco años debo recibir hormonoterapia. No tengo mi seno, pero sí la vida, a mi familia y a mis hijos que los amo mucho”.
Entre los proyectos que ejecuta la FOG, por segundo año consecutivo realizará el 20 de octubre en Galería Códice una exposición de 22 cuadros pintados por cuatro mujeres que ven en la pintura su mejor terapia, como Mayling Morales, quien desde abril de este año ingresó al grupo. “El cáncer que me detectaron fue cervical en etapa 2b. Yo le temía a la muerte. Fue un proceso muy doloroso porque creemos que es la muerte, y yo la sentí. Solo nos queda pensar positivo y decir que no nos puede ganar la enfermedad. También nos distraemos, buscamos la manera de expresar y liberar todo lo que sentimos, y en la pintura yo lo encontré”.
UNA ENFERMEDAD DE PÉRDIDAS
El apoyo es fundamental. Es la fortaleza que ellas necesitan todos los días desde que reciben el diagnóstico, tal como lo afirma la psicóloga de la FOG, Emma Rosales. “Es una enfermedad de muchas pérdidas y también es familiar porque cuando la mujer recibe el diagnóstico hay un impacto emocional y eso produce depresión. Nuestras pacientes son abordadas desde que se les da el diagnóstico, hasta que reciben el tratamiento, incluyendo el período libre de enfermedad y sus recaídas, que es posible porque los senos son órganos muy importantes que tienen que ver con la autoestima, la feminidad y la sexualidad. Todo esto es un círculo y hay que cerrarlo con salud, porque es cierto que hay pérdidas pero se recupera la vida”.
La enfermedad también hace crecer, quienes lo viven no vuelven a ser los mismos. “Hay una mayor sensibilización con el dolor ajeno”, afirma Cecilia Bustamante, responsable, componente y asistente de sobrevivientes de minas de la Organización de Estados Americanos (OEA). Ella conoce el cáncer de diversas maneras, porque cuatro de sus familiares lo padecieron. Dos de ellos fallecieron y dos son sobrevivientes, entre ellos su tía materna que es su segunda mamá. “Dios me dio una doble bendición con dos mamás: mi mamá biológica, que falleció de cáncer de mama cinco años después de haber luchado contra un cáncer cervical, y mi mamá que es mi tía materna.
Ella es sobreviviente de cáncer de mama desde hace seis años. Con ella sí sentí que nos desplomábamos, porque temíamos que la historia se volviera a repetir, pero le pedí fortaleza y aceptación a Dios para transmitirle optimismo. Sí lloré mucho, pero al día siguiente desperté con una mejor actitud. El cáncer estaba en segunda etapa, pero ella nunca se postró en una cama. Regresaba de recibir quimioterapia, vomitaba y se volvía a levantar. Yo le corté el cabello, porque no quería que lo anduviera botando y para demostrarle apoyo también me lo corté. Como familia es difícil, hasta mi papá creció, porque se volvió más independiente, incluso aprendió a cocinar y a ayudar en la casa”.
Todas las mujeres saben que el amor y el apoyo de su pareja es muy importante para enfrentar con optimismo la enfermedad. Carlos Orozco, coordinador regional del programa para la asistencia del control de armas y destrucción de municiones en Centroamérica (PACAM) es un ejemplo de ello, ya que se documentó a la perfección y estuvo paso a paso con su esposa Lorena Bogantes, quien padeció de cáncer de mama y lo vivió dos veces, primero en 2008 y luego en 2009. Ella lo recuerda aún con lágrimas. “Yo reconozco que hubo ignorancia de mi parte, pero más porque quería creer que estaba bien, que no se trataba de nada grave. Yo me sentía una pelotita, pero no iba a chequearme, siempre me dejaba de última, hasta que mi esposo Carlos me dijo que era mejor acudir al médico.
El doctor que nos atendió nos dijo que no se veía maligno. Me retiró solo la masa y la envió a patología, pero no fuimos a retirar los resultados, ni él insistió en que se los dieran. Por ignorancia nos confiamos y por negligencia pasé todo esto. Un año después volví a sentir una masa en la misma mama, y creí que era tejido mamario, pero creció mucho más rápido, un poco más de cinco centímetros. Cambié de médico para que me orientara mejor y solicitó los resultados de la biopsia. Mi esposo los fue a traer y él se sorprendió cuando leyó que en efecto yo tenía cáncer. Él temió que yo muriera, pero no nos quedamos con una sola valoración y al final decidimos, por recomendación médica, retirar ambos senos y optar por una reconstrucción mamaria, ya que yo temía pasar por lo mismo una tercera vez”.
DI NO AL TEMOR
“Nosotros deseamos incidir en la detección temprana para disminuir la mortalidad de las mujeres”, exhorta el doctor Roberto Ortega Plath, director médico de la Fundación Ortiz Gurdián. “La cumplimos un año de tener la clínica. Donamos seis mil bonos saludables con derecho a realizarse todos los exámenes de rutina. La cirugía la costeamos en Salud Integral y operamos nosotros mismos”.
Según el doctor Ortega, se reportan más casos de cáncer ubicados en la mama izquierda, pero aún se desconocen las causas. Hay que actuar desde la parte educativa para que las mujeres se detecten a tiempo, no es igual tratar un nódulo pequeño que uno grande. En una joven se da un cáncer más agresivo, porque las células se alimentan de sus propias hormonas. También se atribuye a las mujeres que están cerca de la menopausia y que se automedican con reemplazo hormonal. Eso es incorrecto. Lo indicado es realizar todos los exámenes pertinentes para decidir si se puede o no utilizar reemplazo hormonal”, exhorta el especialista.
La doctora María Delma Mejía, ginecóloga y especialista en oncología del hospital Metropolitano, define el cáncer de mama como una patología que afecta a las mujeres sobre todo alrededor de los 50 años en su pico máximo, “pero puede haber casos a temprana edad. Se sabe que hay una joven de 17 años con cáncer de mama. Es una patología que en Nicaragua ocupa el segundo lugar, después del cáncer cervical. En otros países más desarrollados, el cáncer de mama pasó a ocupar el primer lugar”.
La alimentación es crucial para fortalecer el sistema inmunológico. Según la doctora Mejía “tenemos una dieta muy mal balanceada con muchos carbohidratos, grasas y pocos vegetales, que contienen antioxidantes y ácido fólico que es un regenerador celular y que lo encontramos en todos los vegetales verdes. Los productos enlatados son fatales, así como las sodas dietéticas, que contienen más azúcar y preservantes tóxicos. Las carnes rojas producen sustancias oncogénicas, por eso se recomienda el pollo, el pescado y consumir muchos vegetales”.
Para el doctor Saúl Zeledón Úbeda, Gineco-Obstetra de la Asociación de Mujeres contra el Cáncer (Asmucan), “el cáncer no perdona ningún estatus social, ni religión ni color. Como todo cáncer, se puede prevenir el desarrollo del tumor para evitar muertes si se realiza cada mes, preferiblemente una semana después de tener la menstruación, el autoexamen en cada uno de los senos. El cigarrillo, el licor, el alto consumo de grasas, las lesiones y las exposiciones a radiaciones son factores de incidencia más altos que la herencia genética, que solo refleja el 10 por ciento de probabilidades”, advierte el doctor Zeledón.
“Es posible detectar el cáncer en sus primeras fases. Sí lo sabré yo que he pasado por esto tres veces”, afirma Francis Cabistán Bonilla, tras haber vencido su primer cáncer en la mama izquierda en mayo de 2002 a la edad de 38 años. Ella es voluntaria y vocal de Asmucan. Su testimonio es impresionante. “Todos los días le doy gracias a Dios por concederme estar viva. Cuando me dio el primer cáncer, yo solo le pedía que me permitiera ver a mi hija hasta sus quince años, pero su amor es tan grande que me ha permitido verla crecer y dentro de poco coronar su carrera universitaria”.
El cáncer de Francis fue muy agresivo. Posterior a su recuperación, dos años después le detectaron un tumor en su ovario izquierdo y también la operaron. El año paso sufrió una recurrencia, pero esta vez no fue preciso realizarle otra cirugía. “Realizándome el autoexamen detecté el cáncer en mi seno. Los médicos creían que era un problema hormonal y solo me recetaban ibuprofeno. Porque insistí mucho me realizaron los exámenes y en los resultados de la biopsia salió que era cáncer. Yo tuve que cubrir con todos los gastos, porque en aquella época el seguro no cubría los tratamientos de la enfermedad. El tratamiento no es nada agradable, pero yo opté por seguir trabajando, porque me servía de terapia.
El año pasado tuve una recurrencia de cáncer de mama, que me afectó el esternón. Tenía un tumor de 10 centímetros y no era operable, por eso el doctor decidió ponerme quimioterapia. Tuve ocho ciclos y esta vez ya no podía trabajar, porque me afectó más que la primera vez. Dios hizo un nuevo milagro en mí porque con la quinta quimioterapia el tumor se me desapareció y no me tuvieron que operar”, testifica con una hermosa sonrisa Francis, quien insta a todas las mujeres a conocer su cuerpo y a no permitir que el temor las venza y les gane la batalla.




