El viernes de la semana pasada murió en un hospital de La Habana, Cuba, supuestamente a causa de un paro cardiorrespiratorio, la señora Laura Pollán, quien era esposa del periodista y expreso político Héctor Maseda.
La señora Pollán era la dirigente natural de las Damas de Blanco, el movimiento cívico de protesta de las esposas, madres e hijas de los 75 opositores y disidentes cubanos, que a principios de 2003 fueron encarcelados y luego condenados a penas de hasta más de 20 años de prisión. Desde entonces las Damas de Blanco comenzaron a desfilar todos los domingos en el centro de La Habana, después de la misa en la iglesia de Santa Rita, para demandar la libertad de sus parientes y de todos los prisioneros políticos de Cuba. Ellas siempre han desfilado vestidas de blanco (por el simbolismo o la creencia de que este color hace que las personas se sientan libres y olviden las opresiones), y llevando en sus manos un gladiolo, la flor que en la antigua Roma se entregaba a los gladiadores que resultaban vencedores en sus desiguales combates, como símbolo de su victoria y su derecho a la libertad.
A lo largo de estos ocho años las Damas de Blanco han sufrido muchas veces la brutal represión del régimen comunista, directamente por parte de las fuerzas de policía y seguridad del Estado y por medio de las temibles turbas castristas. Pero las Damas de Blanco no han cesado su singular demostración dominical de protesta cívica —a pesar de que los 75 prisioneros de la “primavera negra” de Cuba en 2003 ya fueron dejados en libertad y en su mayor parte enviados al exilio en España—, pues Cuba sigue siendo un país sin libertad ni democracia ni respeto a los derechos humanos, y porque en las cárceles de ese país hay todavía unos 50 presos políticos y de conciencia.
Por su abnegación las Damas de Blanco han sido distinguidas con el Premio Andrei Sájaroj para la Libertad de Expresión, que otorga el Parlamento Europeo; con el Premio a la Libertad Pedro Luis Boitel, concedido por organizaciones de Europa Central y Oriental defensoras de los derechos humanos; y con el Premio Human Rights First, de Nueva York.
Ayer, las cenizas de Laura Pollán fueron llevadas a Manzanillo, su ciudad natal, donde según su voluntad una parte fue depositada en la cripta familiar y la otra esparcida en un campo de flores. Y como un homenaje a la memoria de esta gran heroína cubana de la libertad, nada mejor que recordar lo dicho por José Martí al ponderar la participación de mujeres como ella en la lucha por las grandes causas de la humanidad : “Las campañas de los pueblos solo son débiles cuando en ellas no se alista el corazón de mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer tímida y quieta en su natural, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible”.
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