Mujeres innovan para vender

Esta semana participé en San José en la presentación de experiencias de un grupo de exitosas mujeres empresarias, provenientes de diferentes países latinoamericanos.

Por Juan Vega Gonzales (*)

Esta semana participé en San José en la presentación de experiencias de un grupo de exitosas mujeres empresarias, provenientes de diferentes países latinoamericanos.

La característica común de todas ellas fue que lograron pasar de la idea al mercado, vale decir lograron crear valor a partir de su idea, y comercializar sus productos y servicios en diferentes lugares del mundo.

El principal desafío de la innovación es lograr el matrimonio entre la idea o conocimiento y el negocio, es decir encontrar personas dispuestas a pagar por el producto o servicio desarrollado.

Algunas de las mujeres empresarias tuvieron el coraje de salir de su “zona de confort”, que significaba renunciar a su trabajo como ejecutivas líderes de empresas multinacionales, y “arriesgarlo todo” para perseguir sus sueños de sacar adelante el negocio y la familia.

Otras mujeres, menos afortunadas, partieron de una situación de pobreza extrema y grandes carencias, pero el factor común que compartían era la gran fuerza interior y el deseo de darles un mejor futuro a sus hijos.

Todas tuvieron el valor de experimentar, de tomar riesgos y continuar aún en las situaciones más precarias, de perseguir sus sueños “cueste lo que cueste”.

Lo más difícil en ese proceso, fue la gran preocupación por el “flujo de caja“, o sea contar con el dinero suficiente para sobrevivir incluso en períodos de bajas ventas.

Todas mencionaron la importancia de desarrollar contactos con bancos y otras fuentes de financiamiento y de mantener los gastos de operación y familiares al mínimo necesario, mientras hicieron crecer sus negocios.

Hacer empresa significó para todas esas mujeres un “cambio de chip”, reflexionar sobre su propia autoestima como mujeres capaces de sacar adelante sus familias y negocios y de desarrollar sus habilidades de comunicación, negociación y ventas.

La característica común es su gran pasión por lo que hacen, el sentimiento de “hambre” o decisión de perseguir sus sueños sin importar las adversidades.

Sus ojos reflejan la alegría de crear valor para otras personas. Disfrutan lo que hacen e innovan con creatividad para mejorar y adaptarse al mercado y necesidades de sus clientes.

Sus negocios son empresas familiares, donde todos o la mayoría de los miembros del hogar (esposo e hijos e hijas), están de alguna forma involucrados y comprometidos.

La experiencia de las señoras empresarias llama a la reflexión sobre la urgente necesidad de salir del divorcio entre lo que se enseña en las universidades y escuelas y lo que se requiere para crear y desarrollar empresas, desarrollando productos, procesos y canales de venta exitosos.

Los dejo con algunas frases célebres de las empresarias, útiles para quien tenga el valor y la alegría de iniciar o mejorar su negocio: “nuestro tiempo es finito”, “le tomo vida a los años” y “el éxito no se improvisa”.

Trabajo hay en abundancia para quien tiene el valor de hacer negocios.

(*) Director de PROMIFIN, programa auspiciado por la Cooperación Suiza en América Central ejecutado por Triodos Facet.

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