De manera pública y con su acostumbrado estilo populista, Hugo Chávez manifestó que los gobernantes de Libia y de Siria son sus hermanos. Anteriormente, en igual sentido se pronunció respecto a los de Cuba.
Semejantes declaraciones, por cínicas y expresivas, no pueden pasar desapercibidas, por ello se vuelve menester efectuar un análisis del contenido de tales desorientadoras afirmaciones, en razón de que los personajes mencionados tienen deplorable y hasta repugnante perfil.
Gadafi oprimió al pueblo libio por más de 40 años, es autócrata cuya virulencia fomentó el terrorismo, al extremo de hacer estallar aviones de pasajeros, en pleno vuelo. Se creyó que se había rehabilitado de sus manías asesinas, lo que no resultó cierto; sigue masacrando a su propio pueblo que protagoniza valiente revuelta para liberarse de tan peligroso sujeto que, además, con las riquezas públicas, se convirtió en uno de los magnates más excéntricos y acaudalados del mundo. Según recientes cálculos, la fortuna de este reyezuelo sobrepasa los 120 mil millones de dólares.
Bashar al Asaad es el furibundo mandatario sirio por más de una década; sucedió a su padre, Hafez al Assad, que por golpe de Estado tomó el poder por casi 30 años, hasta su muerte. Dinastía totalitaria e igualmente rabiosa, reiteró su naturaleza en los levantamientos populares que siguen recibiendo bestial respuesta de ese régimen que no respeta ni siquiera a hospitales, peor a la prensa libre que allí es inexistente; no permite la presencia de corresponsales extranjeros. La ONU acaba de recomendar que, por genocidio, este caso vaya a la Corte Penal Internacional.
Los Castro, en Cuba, siguen este mismo libreto de perpetuarse en el poder, para lo cual emplean los truculentos y característicos métodos de los déspotas. Han recrudecido las represalias en contra de las heroicas Damas de Blanco y de otros pacíficos disidentes, víctimas de conocidas intolerancia y brutalidad.
Sin ningún rubor, Chávez ratificó pertenecer a esta familia de tiranos. Allá ellos con sus vínculos de curiosa solidaridad, incluso de perniciosa hermandad; lo que inquieta, realmente, es su comportamiento de permanente beligerancia en contra de la comunidad internacional, su ruta de retraso, la corrupción desenfrenada que encarnan, la obsesión por el poder eterno y hasta hereditario, los atropellos que perpetran a los más elementales derechos humanos, sobre todo a los de libre expresión y de prensa.
Chávez es el máximo caudillo de lo que denominan socialismo del siglo XXI, que ha devastado a Venezuela, hermoso país repleto de riqueza petrolera pero que sufre serios racionamientos no únicamente de los artículos de primera necesidad y en donde a la libertad de pensar se le está convirtiendo en delito, como en Cuba. Pésimo ejemplo para los regímenes de Nicaragua, Ecuador y Bolivia, que conforman un eje mal llamado bolivariano.
El autor es periodista ecuatoriano
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