El jueves 30 de abril de 2009, desde el despacho de la Primera Dama de Nicaragua doña Rosario Murillo de Ortega, se hizo llegar a los medios de comunicación social un documento titulado “Relación entre la Iglesia y el Frente Sandinista”.
Aquel documento era un supuesto estudio del investigador sociológico e ideólogo orteguista Orlando Núñez, al parecer con la pretensión de fundamentar teóricamente las relaciones del FSLN con la Iglesia católica de Nicaragua, en las condiciones creadas en el país con el nuevo gobierno de Daniel Ortega.
Pero en vez de ser un documento serio de análisis y perspectivas era un libelo difamatorio de los obispos y sacerdotes, de cuya lectura se podía advertir fácilmente que la Iglesia católica sería víctima, otra vez, de persecución y ataques oficialistas, igual que en los años ochenta cuando imperó la primera dictadura sandinista. Y no era casual que aquel libelo difamatorio contra la Iglesia apareciera después que los obispos y sacerdotes denunciaran el escandaloso fraude electoral cometido por el régimen orteguista, en los comicios municipales de noviembre de 2008.
Después de conocer el libelo difamatorio contra la Iglesia católica, los obispos reiteraron su solicitud de diálogo con el presidente Daniel Ortega, y ante el también reiterado silencio oficial como respuesta la Conferencia Episcopal de Nicaragua emitió un comunicado exigiendo al gobierno una aclaración sobre el origen y las intenciones de aquel documento difamatorio.
Fue un comunicado impactante el que dieron a conocer los obispos el miércoles 3 de mayo de 2009, en el cual proclamaron: “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? En todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó”. (Rm 8.35.37). Y agregaron los obispos citando otra parte de ese mismo párrafo perteneciente a la Carta de San Pablo a los Romanos: “Como ya lo dice la Escritura, por tu causa, nos arrastran continuamente a la muerte, nos tratan como ovejas destinadas a la matanza”.
Es oportuno recordar la emisión de aquel libelo difamatorio contra la Iglesia católica de Nicaragua, porque a partir de entonces se desencadenó la campaña sucia de amenazas, calumnias e intentos de soborno que han venido sufriendo los obispos y sacerdotes; situación que ha llegado a su clímax con el reciente y no esclarecido oficialmente asesinato atroz y sacrílego del padre Marlon Pupiro, y con los acontecimientos subsiguientes.
Ante esta situación reiteramos nuestra incondicional solidaridad con los obispos y todos los sacerdotes dignos de Nicaragua, quienes cumplen su misión profética y pastoral sin dejarse intimidar por las fuerzas malignas y sin sucumbir a sus intentos de soborno. Pues, como expresamos el 6 de junio de 2009 en el editorial titulado Tropezando con la misma piedra, “los enemigos de la Iglesia no pueden prevalecer contra ella, lo cual no solo es cuestión de fe, sino también enseñanza de la historia”.
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