El primer pacto de la oposición con un caudillo o dictador, con el fin expreso de facilitarle su permanencia en el poder, fue el que el dirigente opositor conservador Carlos Cuadra Pasos suscribió con el dictador liberal Anastasio Somoza García el 26 de febrero de 1948. Aquel pacto le permitió al dictador liberal estabilizarse en el poder después del golpe de Estado que el año anterior había asestado al presidente Leonardo Argüello, a quien el mismo Somoza García impuso mediante un descarado fraude electoral.
Pero el pacto de 1948 fue solo un acto intermedio. El pacto principal vendría el 3 de abril de 1950, cuando el dictador Somoza García se arregló directamente con el caudillo conservador Emiliano Chamorro, a fin de garantizarse la reelección presidencial a cambio de una cuota fija de participación opositora en el Congreso Nacional y otros poderes del Estado. “Pacto de los generales”, se le llamó a aquel acuerdo, del cual Chamorro se arrepentiría después y apoyaría la conspiración armada del 4 de abril de 1954 contra la dictadura somocista.
El siguiente pacto fue el del 28 de marzo de 1971 entre el dictador Anastasio Somoza Debayle y el carismático líder conservador Fernando Agüero Rocha. Este pacto, conocido como Kupia kumi o un solo corazón en lengua miskita, fue también para prolongar la permanencia legal de Somoza Debayle en el poder y permitirle la posterior reelección, a cambio de una determinada cuota de poder.
Como escribiera posteriormente el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (quien había apoyado a Agüero cuando este encabezaba la lucha contra la dictadura pero lo repudió categóricamente después que pactó con Somoza Debayle), el pacto Kupia kumi obstruyó “las principales vías legales y cívicas del país para entrar sobre los caminos evolutivos hacia un cambio gradual y beneficioso” a la democracia. Por eso muchos nicaragüenses demócratas abandonaron la lucha cívica y se insertaron en la lucha armada, como única forma de quitar al somocismo del poder, lo que trajo como consecuencia la sustitución de una dictadura con otra peor.
El pacto más reciente y actualmente en vigencia ha sido el que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán suscribieron en 1999 y lo constitucionalizaron en el año 2000, el cual tuvo como efecto principal el retorno del caudillo sandinista al poder con su secuela de la reelección inconstitucional planeada para las próximas elecciones. Este pacto ha sido mucho más dañino que los anteriores, porque además de la tradicional repartición de cuotas de poder ha generado el peor ambiente de corrupción institucionalizada, de robo del patrimonio público y de impunidad oficial, en toda la historia nacional.
E igual que el Kupia kumi de 1971, el pacto de El Chile de Alemán con Ortega está cerrando la posibilidad real de seguir cambiando democráticamente de gobierno, mediante el mecanismo cívico de las elecciones. Una trágica situación que solo podría ser revocada por una votación popular demoledora a favor de la alternativa democrática, en los comicios del 6 de noviembre entrante.
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