AFP
Analistas ecuatorianos afirman que el mandatario Rafael Correa aprovechó políticamente la rebelión policial del 30 de septiembre de 2010 para arrinconar a la oposición. La protesta por reclamos salariales de los agentes permitió que Correa fuera “victimizado” y que el gobierno recibiera un “balón de oxígeno” después de que su oferta política se mostrara “agotada”, según José Hernández, subdirector del diario Expreso.
Al acusar a la oposición de conspirar antes y después de la protesta para derrocarlo, Correa “volvió a crear un escenario de polarización”, y tras el hecho, la oposición “ha pasado a ser calificada de antipatria y golpista”, dijo Simón Pachano, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Correa tiene una aprobación del 73.7 por ciento a su gestión.
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