Por Wilder Pérez y Massiell Largaespada
Tener un enfermo en un hospital público puede ser desesperante. Cuando uno se mete la mano al bolsillo, se da cuenta de que el desvelo y la incomodidad no se comparan con los gastos.
Puede que el hospital Lenín Fonseca no requiera pequeñas fortunas, pero para la gente que necesita de este centro, los gastos duelen casi tanto como la enfermedad.
Damaris Orozco cumplió esta semana un mes de pasar las noches en el Lenín. “Anoche ya no aguantaba, porque dormir en las sillas es incómodo, entonces me tiré al suelo, pero al rato estaba tosiendo, mejor me levanté, no fuera que yo también me quedara enferma aquí”, expresó.
Aparte están los gastos. A Orozco se le va casi la mitad de su salario en bolsas especiales para diálisis.
“Aquí uno se encuentra con gente que da pesar. Yo mismo le he dado dónde dormir a gente que viene de lejos, da tristeza porque vienen sin nada, y a veces son maltratados por algunos guardas, no todos”, afirma José Luis Vargas, quien lleva años vendiendo café frente a la entrada del hospital.
No obstante, el anteproyecto de ley aún permanece en la primera secretaría de la Asamblea Nacional.
El diputado conoce bien las dificultades de los familiares con pacientes enfermos en hospitales.
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Rosa Argentina Reyes asegura que la han tratado bien. Pero la experiencia es insufrible.
“Hemos gastado más de 5,000 córdobas en seis días, porque venimos desde San Francisco Libre, y aquí solo podemos movernos en taxi, más la comida, aparte del estrés”, comenta Reyes.
CLAMOR EN CIUDAD SANDINO

La única vez que Alexander Isaac Cerna Hernández, de 37 años, llevó a uno de sus cinco
hijos a un hospital fue hace tres años cuando uno de ellos tomó accidentalmente un sorbo de querosén, cuyo líquido sirve para diluir pintura.
Al igual que Alexander Cerna más de 500 de familias de las comarcas Cuajachillo I y II, situadas a más de 15 kilómetros de distancia del casco urbano de Ciudad Sandino, han vivido la angustia de no tener en qué trasladar a sus parientes en casos de emergencia.
Nery Isabel Narváez recordó que hace unos meses su hermana se debatía en una cama con los dolores de parto y tuvo que prolongar su dolor por unas horas más mientras encontraban transporte, el cual les costó “un ojo de la cara”.
Después de caminar a medianoche casi dos kilómetros a la luz de la luna lograron trasladarse en un taxi, cuyo conductor les cobró 200 córdobas la carrera hasta el hospital Fernando Vélez Páiz.
Casos como estos se ven a diario, y son un problema aparte a las enfermedades.
El diputado Carlos Gadea desde hace varios meses introdujo una iniciativa de ley a fin de que las alcaldías destinen de sus presupuestos fondos para la atención de pacientes que llegan a las ciudades procedentes de zonas alejadas.
No obstante, el anteproyecto de ley aún permanece en la primera secretaría de la Asamblea Nacional. El diputado conoce bien las dificultades de los familiares con pacientes enfermos en hospitales.

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