A juzgar por las informaciones divulgadas por las agencias internacionales de prensa sobre la visita del papa Benedicto XVI a Alemania, lo único o lo más importante que ha ocurrido ha sido el repudio al Santo Padre del catolicismo mundial.
Las agencias de prensa reportaron la celebración de la misa con setenta mil personas, que ofició Benedicto XVI en Berlín. Pero el énfasis lo pusieron en que el oficio religioso se celebró en el Estadio Olympia, que fue construido por Adolfo Hitler para las Olimpiadas que se realizaron en Alemania en 1936. Obviamente la intención era asociar de manera subliminal a Benedicto XVI con Adolfo Hitler, omitiendo que la misa multitudinaria oficiada por el papa en Berlín se realizó en esa instalación deportiva por ser el lugar más apropiado. La misma razón por la cual en junio de 1996 Juan Pablo II celebró también en ese gran estadio, la misa de beatificación de dos sacerdotes católicos alemanes martirizados por el nazismo hitleriano, Bernhard Lichtemberg y Karl Leisner.
Por supuesto que había que informar sobre los actos de repudio a Benedicto XVI en Alemania, porque la verdad de los hechos nunca se debe ocultar. Pero por ética también había que destacar los aspectos positivos de la visita del papa, como han sido las grandes y cálidas demostraciones de simpatía que le han brindado muchísimos alemanes y sus extraordinarios mensajes de trascendencia global.
Por ejemplo, ha sido muy importante el recordatorio que hizo el papa, de que Adolfo Hitler utilizó el mecanismo democrático de las elecciones para subir al poder, pero con el propósito de demoler desde arriba las instituciones de la democracia. Y advirtió Benedicto XVI al respecto, citando a San Agustín, que cuando el ejercicio del poder se separa del derecho el Estado se convierte en “una cuadrilla de bandidos muy bien organizada”.
También exaltó Benedicto XVI la memoria de los heroicos combatientes contra la dictadura nazi, quienes lucharon con la convicción de que “el principio de la mayoría” no basta para legitimar a un gobierno. En lo cual el papa tiene absoluta razón, pues por el voto mayoritario puede llegar al poder cualquier aventurero, pero no para gobernar democráticamente sino para liquidar la democracia e imponer un régimen opresor.
“Adolfo Hitler era un ídolo pagano que quería ponerse como sustituto del Dios bíblico”, expresó el sumo pontífice católico ante representantes de la comunidad judía alemana. Y en el Reichstag, hablando a la mayoría de los diputados de Alemania, Benedicto XVI agregó que al perder los nazis el respeto por el Dios único, también perdieron todo respeto por la dignidad del hombre.
El mensaje del papa Benedicto XVI ha sido muy oportuno en el momento actual, cuando nuevos caudillos pretenden erigirse en dioses paganos, contando con la bendición de ciertos religiosos que han cambiado la fe en el Dios único por el culto al becerro de oro.
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