En la sesión de hoy de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), el presidente de la Autoridad Palestina, señor Mahmoud Abbas, presentará la solicitud oficial de reconocimiento a Palestina como nuevo Estado miembro de la ONU con plenos derechos.
La solicitud de Abbas —que no cuenta con el respaldo de la organización palestina extremista Hamas, la cual gobierna en la Franja de Gaza—, tiene asegurado el apoyo de la gran mayoría de los gobiernos de los países miembros de la ONU. Sin embargo, de acuerdo con las reglas de la organización mundial, esa solicitud tiene que ser conocida previamente por el Consejo de Seguridad, en el cual sería vetada al menos por Estados Unidos. De manera que la petición de reconocimiento a Palestina como Estado soberano, tendría que regresar a la Asamblea General, la que solo podría concederle el estatus de “Estado no miembro”, hasta que llegue a un acuerdo con Israel o se ponga fin al sistema de veto que está vigente en la ONU desde su fundación en 1945.
La solicitud de que Palestina sea reconocida por la ONU como Estado, sin que haya un previo acuerdo con Israel, produce una fuerte tensión internacional y atrae la atención en todos los países; inclusive en Nicaragua, donde el conflicto en Tierra Santa divide a la opinión pública en dos grandes partes: una que simpatiza con Israel por razones históricas, culturales y religiosas, y otra que respalda a Palestina por motivos ideológicos y políticos. Esto es lo que explica que el régimen de Daniel Ortega rompiera las relaciones diplomáticas de Nicaragua con Israel, el 1 de junio del año pasado, así como ya las había roto en los años ochenta pero fueron restablecidas por el gobierno democrático de doña Violeta Chamorro.
No cabe ninguna duda de que el pueblo palestino tiene derecho a constituir su Estado independiente y soberano, y a tener un asiento en el foro mundial de las Naciones Unidas. Pero también Israel tiene derecho a su seguridad estatal y nacional, y los palestinos y árabes en general deben de comprometerse a reconocerlo y respetarlo. Como dijera el presidente estadounidense Barack Obama ante la Asamblea General de la ONU, la constitución del Estado palestino tiene que ser el resultado de un acuerdo bilateral de Palestina con Israel sobre la delimitación de fronteras y la seguridad mutua.
A este respecto el presidente francés, Nicolás Sarkozy, ha propuesto ante la Asamblea General de la ONU que palestinos e israelíes reanuden sus negociaciones en el término de un mes, que en el plazo de seis meses lleguen a acuerdos básicos sobre fronteras y seguridad, y que al cabo de un año alcancen un acuerdo definitivo. Esta propuesta francesa debería ser aceptada, si realmente se quiere resolver el problema. Pero si lo que se pretende es escalar el conflicto, entonces no habría nada que hacer con el razonable y viable calendario francés.
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