La conocida frase de José Martí, de que la patria es ara y no pedestal, alude la triste situación histórica que han padecido prácticamente todos los pueblos de América Latina y el Caribe, donde caudillos, generales, comandantes y aventureros de toda laya asaltan el poder, manosean los símbolos nacionales y se proclaman como los padres y benefactores de la patria.
“La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie”, escribió igualmente José Martí, y esta expresión es también apropiada a la situación actual de Nicaragua, donde la patria ha sido convertida en feudo de un partido y capellanía de un caudillo; el cual, atropellando impunemente la Constitución y violando flagrantemente la ley, subordina el pabellón azul y blanco de todos los nicaragüenses a la bandera roja y negra de los miembros y simpatizantes del partido FSLN, inclusive ha deformado el sagrado escudo nacional que se presenta ahora como una ridícula figura sicodélica, y ha convertido las escuelas de educación pública en centros de propaganda política y cuarteles de campaña electoral.
En estos días, cuando los nicaragüenses conmemoramos el aniversario 155 de la Batalla de San Jacinto y el 190 de la independencia nacional, el manoseo político de los símbolos nacionales y la utilización abusiva de los tradicionales desfiles estudiantiles como movilizaciones de apoyo a Daniel Ortega, por parte del partido oficialista FSLN, ha sido un hecho descarado e indignante. Es más, la celebración de las Fiestas Patrias ha sido convertida en una plataforma de propaganda electoral de la candidatura de Ortega a una nueva reelección presidencial, que además es ilegal e ilegítima porque está expresamente prohibida por la Constitución Política de la República, en su artículo 147.
En nuestras escuelas públicas no se está formando a los ciudadanos libres que necesita la patria para su desarrollo, gloria y prosperidad. Lo que se está haciendo es crear súbditos y entrenar partidarios para arrastrarlos a la plaza a rendir pleitesía al endiosado gobernante.
La patria y la libertad son complementarias. Una no puede existir si no existe la otra. Los esclavos tenían origen étnico y procedencia nacional, pero carecían de patria. Los siervos de los señores y los vasallos de los imperios tampoco tenían patria. Solo cuando conquistaron la libertad y se convirtieron en ciudadanos, fue que los hombres y mujeres de cada país pudieron tener patria.
En Nicaragua los próceres nacionales, incluyendo a Augusto C. Sandino, tenían muy claro el nexo indispensable e indisoluble entre la libertad y la patria. Por eso el lema de Sandino era precisamente Patria y Libertad. De manera que invocar el nombre de Sandino para justificar el abuso de poder de un caudillo arrogante y absolutista, es una aberración.
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