Amadeus Mozart. la prensa/Archivo

La flauta mágica o encantada

Viene La Flauta Mágica a enriquecer el afecto por la ópera en Nicaragua, el género que cambió el horizonte de la música en Europa, el teatro cantado formalizado por la alianza de tantos indispensables factores.

Por Joaquín absalón Pastora

Viene La Flauta Mágica a enriquecer el afecto por la ópera en Nicaragua, el género que cambió el horizonte de la música en Europa, el teatro cantado formalizado por la alianza de tantos indispensables factores.

Amadeus Mozart (1756—1791) aspiró a ser en el principio de su creación, un autor total de ópera. La última que compuso fue La Flauta Encantada , mejor conocida como La Flauta Mágica . Esta es precisamente la que podrá ser vista y sentida en este septiembre en el Teatro Nacional Rubén Darío. Del esfuerzo de montar la ópera hay un encomiable esfuerzo en este país.

Es en La Flauta Mágica donde se pone más en evidencia el brío solidario de su estilo, encendido por los matices originales de un cultor de la excentricidad en el argumento y de la primicia en la música.

Había un proyecto original en la última ópera del compositor, una flauta encantada, embrujadora. Una sesión bufonesca. La propuesta de liberar a una dama de un vil encantador a través de la posesión de un instrumento que hace danzar como un poseído a todo el que lo escucha.

Misterio endiablado para transmitir la sensación poética y contradictoria de que se estaba en un paraíso con rondas de infierno pero Edén al fin, donde todo lo que se moviese dependiese de los caprichos con imagen de redención del instrumento.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí