En Estados Unidos se dice que los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, son el mayor horror que ha sufrido la población estadounidense en toda su historia.
Y así lo corroboró el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), al calificar como “horrendos ataques terroristas” aquellos atentados genocidas que mataron a 2,973 personas e hirieron a más de 6,000.
Por su parte historiadores norteamericanos consideran que los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas de Nueva York, el Pentágono, de Arlington, Virginia, y el fallido ataque contra la Casa Blanca —frustrado por los pasajeros del avión secuestrado, quienes lucharon contra los terroristas e hicieron que el aparato se estrellara en un campo de Shanksville, en el estado de Pensilvania—, han significado el golpe más duro que le han asestado a Estados Unidos dentro de su propio territorio nacional, desde la guerra anglo-norteamericana de 1812, cuando tropas inglesas incendiaron parte de la ciudad de Washington, incluyendo a la Casa Blanca que ya entonces era la sede del presidente estadounidense.
Habiendo transcurrido apenas diez años desde los terribles ataques terroristas del 11 de septiembre, es comprensible que sangren todavía las profundas heridas que el pueblo y el gobierno estadounidense sufrieron en aquella aciaga ocasión. Apenas el 2 de mayo de este año Estados Unidos pudo cazar y liquidar a Osama bin Laden, el máximo líder terrorista del mundo que planificó y organizó los atentados del 11 de septiembre; más de 400 mil millones de dólares ha debido gastar Estados Unidos en medidas de seguridad, en los últimos 10 años, para proteger a su población de nuevos atentados terroristas de gran magnitud; más de 1.3 billones de dólares han invertido los gobiernos estadounidenses en las guerras de Irak y Afganistán, que han sido parte fundamental de la lucha mundial contra el terrorismo, la cual se sigue librando hasta ahora aunque ya no se le quiera llamar públicamente de ese modo.
Aún hoy, con motivo de la conmemoración del décimo aniversario del 11 de septiembre se han tenido que desplegar enormes y costosas medidas adicionales de seguridad, en prevención de ataques de la red terrorista islámica Al Qaeda, puesto que en los documentos encontrados en el lugar donde Osama bin Laden fue ajusticiado, se encontró información sobre la preparación de atentados contra Estados Unidos para tratar de perpetrarlos el 11 de septiembre de este año. De manera que aunque sean muy costosos, esos gastos son una indispensable inversión para seguir luchando contra el terrorismo internacional, hasta derrotarlo y erradicarlo de la faz de la tierra. Eso es lo menos que se puede hacer para honrar la memoria de los muertos del 11 de septiembre y de las víctimas del terrorismo en todas sus formas, y para salvar a la humanidad de este terrible flagelo del siglo XXI.
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