Ciberlectores de LA PRENSA consideraron inusualmente dura mi reacción ante la invitación que hizo el presidente a la OEA como “acompañante” en las elecciones de noviembre. Pocos saben que durante lo más álgido de la crisis constitucional de 2005 y en medio del “diálogo” patrocinado por la OEA, hubo una reunión en Washington donde se examinó la situación del diálogo y las amenazas que el poder legislativo y la Corte Suprema de Justicia, ambas en manos del pacto, hacían al Poder Ejecutivo.
El canciller Caputo presentó un informe donde culpaba de la crisis al presidente Bolaños por ser “testarudo” y sobre esa base, 10 países sudamericanos redactaron una resolución que adoptaba el “Informe Caputo”.
Los sudamericanos intentaron imponer esa resolución 10 a 7 (al SICA) cuya versión condenaba las acciones de la Asamblea Nacional y la Corte Suprema por violatorias de la Carta Democrática
Organismos Internacionales, de Cancillería, el asesor Herdocia y especialmente el viceministro Williams, convencieron a los países del Caribe que el ejecutivo había sido flexible y que eran los partidos de la oposición los que mantenían exigencias indebidas.
Con 21 países copatrocinantes, México, Canadá y los Estados Unidos se logró mayoría absoluta y los sudamericanos se unieron al consenso para no verse derrotados en una votación sin precedentes de veinticuatro a diez. Así se aprobó la resolución de la OEA que facilitó la resolución de la crisis.
En las elecciones regionales, apareció de nuevo el canciller Caputo, ahora como “acompañante”. Se apresuró a aclarar que no venía como observador y no podía emitir opinión, para luego añadir, sin rubor alguno, que “lo había visto todo normal”, contradiciendo sus propias declaraciones.
En los casos como la última elección en Honduras, donde los partidos públicamente acreditan y reconocen el actuar de su Tribunal Supremo Electoral, la observación electoral del día de las elecciones tiene sentido. Pero en un país donde las elecciones “se juegan bajo protesta”, es necesario que la observación abarque el proceso de inscripción, incluya la depuración del padrón (recomendación pendiente de la misión de la OEA en el 2006), contemple un análisis sobre el cumplimiento de la equidad y la proporcionalidad en la composición de los Consejos Electorales a nivel nacional, regional, departamental, municipal y local, evite “el ratón loco” y, que el día de las elecciones sea capaz de constatar la veracidad de los votos, verificar las nulidades y asegurar que no se queden votos sin contar, etc.
La OEA hoy en día es dariana: “Cuando debe venir no viene, y a veces viene sin deber”. Se metió en el diferendo territorial con Costa Rica sin tener competencia y, a pesar de las reacciones de la UE y Estados Unidos, calló ante la crisis electoral del 2008 y la presentación de candidaturas avaladas en forma “sui géneris” por una CSJ irregularmente constituida.
Observar es: “Advertir y reparar”; acompañante, según el DRAE, es: “Conjunto de personas que en las representaciones teatrales o en los filmes figuran y no hablan, o carecen de papel principal”. Curiosamente, el DRAE aplica la misma definición a comparsa, para luego añadir: grupo de personas que, vestidas de la misma manera, participan en carnaval o en otras fiestas.
Desde ya ofrezco mis disculpas al canciller Caputo por la dureza de mis declaraciones del domingo 5, pero reitero que la OEA no debe servir de comparsa electoral sino cumplir el mandato de la Carta Democrática que el 11 de septiembre cumple diez años: «los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla».
El autor fue Canciller de Nicaragua
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