“La Alianza Francesa sacia mi hambre cultural, por eso estoy ahí desde hace dos años”.

Sara Bolt

Todo lo adecúa a su estilo. Es una chica fenomenal, fuera de serie, que desea innovar, marcar la diferencia, pero sobre todo ser ella misma.

 

 

 

Por Fátima Arellano

Todo lo adecúa a su estilo. Es una chica fenomenal, fuera de serie, que desea innovar, marcar la diferencia, pero sobre todo ser ella misma. Su interior es medio conflictivo: hay luchas, batallas, guerras, que a veces pierde y otras gana. Es mujer de paz, amor y cultura. No en vano desde hace dos años es la Coordinadora de Cultura de la Alianza Francesa de Managua, cargo que ha sabido desempeñar con mucha responsabilidad y entrega. “Le he dado un poco de vida al lugar. Ha sido súper rico ser un apoyo cultural. He cumplido mis propias expectativas y los logros son muy buenos porque los proyectos ya se mueven solos”.

Sara es más que un cuerpo bien formado y unos ojos color azul cielo. Ella es sinónimo de intensidad, rebeldía y sensualidad, pero también de misterio, y lo admite.

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“Por mi edad me doy el permiso de ser todo lo confusa que quiero. Soy súper tímida, aunque no se note. Yo crecí en un libro y mi mamá tuvo que quitármelo para que pudiera salir y hacer amistades. Ella temía que me volviera un ser solitario. Yo tengo un mundo imaginario muy rico, y me refugio en él porque a veces no lo entiendo. Creo que esa falta de entendimiento es lo que me motiva a estudiar a las personas”.

De padre nicaragüense y madre chileno francesa, Sara nació en Matagalpa el 10 de julio de 1985, rodeada de arte, literatura, música y tendencias hippies que, hoy por hoy, siguen siendo su base, su punto de partida y orientación.

“La parte nica de mi familia es católica y la parte francesa es judía o rechaza ser judía, pero también somos medio hippies, creemos en el sol y en las estrellas y en el baño de luna. Tengo una astróloga y un chamán, no rechazo nada. En estos momentos de mi vida, estoy abierta a lo que venga. No creo en un dios formal, mucho menos en que sea masculino. Mi dios sería femenino, porque es creación y las que creamos somos las mujeres”, analiza Sara, quien asegura ser una mezcla que a veces ni ella misma comprende, un ser no tan libre porque tiene ataduras sociales que desea superar. “Soy súper intelectual. Me gusta leer, ser buena alumna, pero al mismo tiempo puedo ser súper mítica, sacar el tarot y enviar tanto buenas vibras como malas. Tengo cosas locas en la cabeza, pero no me impiden seguir siendo la muchacha que va a la oficina, que hace bien su trabajo y que es responsable. Yo creo que nadie es completamente libre, todos tenemos ataduras sociales Aquí, por ejemplo, he aprendido a aceptar las diferencias en lugar de rechazarlas y a ser más humana y amiga”.

DE ALMA VERSÁTIL

¿Quién no ha visto a Sara con el cabello corto, largo, con rastas, trenzas y flores? ¿Quién no ha formado parte de sus extravagantes cambios de vestimenta: de rapera a hippy, de hippy a modelo, símbolo de “sex-appeal”? Nada en ella ha surgido por casualidad, todo responde a esa mujer con sed de aventura, que desea explorar, descubrirse y ser feliz.

“He vivido muchas etapas, las cuales tienen que ver en cómo me he ido aceptando como persona y mujer. Me crié con mi hermano mayor y con sus amigos en el sur de Chile, donde hace mucho frío y es imposible vestir con blusas con tirantes o escotes, por eso siempre andaba muy tapadita. En aquel entonces, a mis 14 años, me gustaba mucho el rap y me vestía toda rapera, con unas rastas horribles, pero era feliz. A mi mamá no le gustaba, no entendía mi moda, pero ella como psicóloga me decía que era una etapa que me iba a pasar, y pasó. Un día, de repente, ya no quería usar más pantalones, sino faldas y largas, porque quería verme más femenina. Ahí comenzó mi etapa hippy, y con él mi cambio de look porque en definitiva las rastas ya no me iban, así que tuve que cortarme el cabello. Todos en Chile me creían loca porque me hacía trenzas en el cabello y me ponía flores. Yo me vestía con la ropa de mi mamá, todo lo que me pudiera servir lo sacaba de su inmenso baúl, pero mi mayor influencia fue mi abuela, quien es muy fashion y se viste siempre a la moda. Ahora tengo un estilo más mío, siempre femenina, no tan formal ni casual, pero sí original, y me encanta porque siento que hay que vivir de todo”.

LOS AMORES DE SARA

A sus 26 años, ella ha amado con intensidad, pasión y lujuria. Ha tenido romances de tres días y amores de toda una vida, que aún conserva en su corazón y que al recordarlos sonríe. No es mujer de aferrarse a nadie, menos de acatar normas, pero en medio de todo eso, tiene sus reglas y la fidelidad es la primordial.

“Creo que el papel de estúpida no me va. Odio la infidelidad, yo no podría vivir así, por eso me gusta que todo quede claro desde un comienzo. Soy muy enamoradiza, una flor azul cuando de amor se trata, pero tardo tiempo en tener una relación porque me cuesta volver a empezar. No siento mal estar sola, al contrario, yo disfruto y vivo mi duelo. Es rico tener una pareja, pero también es rico no tenerla. Creo que hay que vivir cada etapa y disfrutarla al máximo”.

Una de las exquisiteces que Sara tiene es la comida acompañada de un excelente vino. No hace dietas ni se restringe, así tenga una cita. “Me encanta comer rico. No soy de las que va a una cita a comer ensaladas, para nada, yo como y bastante”, admite risueña y confiesa que no hace más ejercicio que saltar la cuerda 10 minutos al día, principalmente cuando regresa del trabajo, tiempo que aprovecha para consentirse en soledad. “Disfruto mucho leer y estar cinco minutos a solas para ser yo misma y mirar al techo si fuese preciso. Soy mujer fiestera, me encanta bailar, escuchar jazz y recordar mis amores raperos, pero también me gusta refugiarme en mi mundo contradictorio e imaginario, pero muy mío”.

Y en ese mundo, aún no hay cabida para una relación que lleve a matrimonio ni a ser madre. “Tiendo a ser un poco maternal con mis novios. Sé que es un error y que debo corregirlo. Soy maternal con mis proyectos y amistades, pero no me veo casada ni con hijos, y si los llegara a tener, serían adoptivos. Me veo con una pareja que esté dispuesta a tener una vida loca y viajera como la mía, pero también que trabaje, que sea independiente para que no codependamos el uno del otro, eso para mí es fundamental. Soy muy estricta con mis ideales, pero también me veo en la posibilidad de cambiar de opinión y talvez formar un hogar a todas las de la ley”.

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ARCHIVO PERSONAL

“No me gustan las dietas y no hago más ejercicio que saltar la cuerda 10 minutos al día. Me encanta comer. Yo no soy de las que va a una cita a comer ensaladas. Yo como y bastante, y si es con un buen vino, mejor”.

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