El Estelí de los setenta era admirable por los jugadores que lo conformaban. El del 2011, por lo que ha hecho.
Existe una ostensible diferencia entre el sorprendente Róger Castellón y el consagrado César Jarquín. Entre el versátil Yasmir García y el general Vicente López. Entre el luchador Marlin Mejía y el fenomenal Porfirio Altamirano.
Sin embargo, ha correspondido a los muchachos de ahora, rescribir la historia del beisbol en Estelí, cuyo ayuno de títulos acabó ayer mediante una impensable barrida sobre la Costa Caribe, el equipo más balanceado en el ambiente local.
Este Estelí —que parecía en ruta hacia el hundimiento total cuando fue rescatado por Omar Cisneros en abril—, se mantuvo peleando en todo instante, pero alcanzó su mejor momento en la Serie Final, donde lució como una maquinaria bien aceitada.
En su estructura hay peloteros talentosos. Justo Rivas, Mario Holmann, Carlos Estrella y Marlin Mejía son jugadores establecidos. Pero este equipo, fue sobre todo carácter, agallas y tenacidad para ir en pos de la victoria, que resultó difícil de atrapar para clubes de otras épocas.
A través de todo el torneo, Estelí se dedicó a conquistar corazones y a derribar escepticismos, mientras avanzaba hacia lo imposible, derribado ayer, mediante ese par de triunfos, que harán del 3 de septiembre una fecha para recordar.
Sin el material de otras tropas, pero con la determinación de alcanzar la cima, Estelí se hizo admirable.
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