Por Mario José Moncada
Buenas prácticas agronómicas en los cafetales pueden ayudar a mitigar los efectos de los cambios en el clima, en especial en países como Nicaragua, uno de los más expuestos a los trastornos de las lluvias y las temperaturas.
Álvaro Jaramillo, especialista del Centro Nacional de Investigaciones del café (Cenicafé), de Colombia, explica a LA PRENSA que “estamos ante una variación muy grande del clima, lo que está afectando los sistemas productivos”.
El café, el principal rubro de exportación de Nicaragua, es uno de los cultivos más expuestos a los fenómenos de El Niño y La Niña, que provocan un calentamiento y enfriamiento del océano Pacífico, respectivamente.
Jaramillo, quien participa en el décimo encuentro Ramacafé, recomienda que ante El Niño, que provoca sequías en Nicaragua, los productores deben controlar la maleza y mejorar la sombra de los cafetales para la conservación de los nutrientes y la humedad.
Además, deben fortalecer el control fitosanitario, porque hay más riesgos de que las plantaciones sean afectadas por plagas como la broca (que afecta el grano durante la maduración) y también mejorar el beneficiado del grano para eliminar los granos defectuosos.
Y si se trata de La Niña, que genera más lluvias, el combo de acciones incluyen hacer drenajes para la conservación del suelo, el manejo de la sombra en las plantaciones que lo requieran y controlar la roya, hongo que inicialmente puede afectar las hojas del cafeto.
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