Tal como lo ha hecho notar el Diario LA PRENSA, la versión policial sobre el asesinato del padre Marlon Pupiro está llena de contradicciones que tienden a confundir a la ciudadanía y aumentar sus dudas.
Primero, según la Policía el presunto asesino habría puesto una sustancia adormecedora en la bebida que sirvió al sacerdote en el centro recreativo La Borgoña. Sin embargo, no hubo un examen toxicológico que lo demostrara y ni siquiera se ha demostrado con certeza que el padre Pupiro hubiera estado en ese lugar.
Segundo, encontrándose la víctima en estado de semiinconsciencia, el sospechoso lo llevó en la camioneta del mismo sacerdote al sector de la laguna de Masaya, conocido como Venecia, y conduciendo el vehículo lo golpeó con una herramienta de metal. Pero ¿cómo pudo conducir y golpear al padre Pupiro al mismo tiempo?
Tercero, dice la versión policial que debido a los golpes el padre Pupiro reaccionó e intentó defenderse, a pesar de que iba semiinconsciente, y fue por eso que el victimario lo asfixió con las manos. Además, según la información policial el presunto asesino hizo un extenso recorrido por distintos lugares, incluyendo dos moteles, llevando el cadáver de su víctima en la camioneta, como para dejar huellas evidentes que facilitarían a la Policía su captura.
A esas contradicciones se agrega la información extraoficial obtenida por LA PRENSA, de que el presidente Daniel Ortega habría ordenado a la Policía “mantener la versión del robo”. ¿Y por qué el presidente tendría que indicar a la Policía cuál versión debe mantener? Obviamente esto viene a añadir más dudas al caso.
En el editorial del jueves pasado advertimos que la Policía debía aclarar este crimen pronto y de manera convincente, o “las especulaciones seguirán creciendo y extendiéndose…” Pero hay más que eso. Mientras no sean aclaradas las circunstancias del asesinato del sacerdote que quienes lo conocieron dan testimonio que llevaba una vida ejemplar, inevitablemente aumentarán la sospecha y el temor de que se trataría de una siniestra advertencia contra la Iglesia católica, por su valiente denuncia de las injusticias, el abuso de poder y la corrupción.
Tal vez por esto es que el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio Báez, en el sermón que pronunció durante la misa que ofició el domingo pasado en Catedral, se refirió al temor que se ha creado de que a raíz del asesinato del padre Pupiro, la Iglesia silencie su voz. Al respecto dijo monseñor Báez: “No tengamos temor. La sangre del padre Marlon Pupiro clama al cielo, pero también es una sangre que está generando valentía y va a generar mayor fidelidad”.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A
