Tiranía
“La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”.
Albert Camus (1913-1960), Escritor francés
Lecciones inolvidables
Se cumplieron 50 años de la construcción del Muro de Berlín, clara demostración de lo que es capaz de hacer el totalitarismo. En agosto de 1961, los jerarcas comunistas ordenaron a diez mil de sus soldados construir esta muralla de la vergüenza para la humanidad, que tuvo 1.260 kilómetros de largo y 3 metros de altura, que dividió a la capital de Alemania y a todo el país, y con ello, a gran cantidad de familias: las unas, quedaron cobijadas por los bienes de la libertad y, las otras, por la bruma del esclavismo.
El 9 de noviembre de 1989, las muchedumbres cansadas del sistemático engaño, de la pobreza reinante y de la opresión, derribaron los gruesos bloques de hormigón que sostenían puestos de vigilancia fuertemente armada y alambradas con electricidad para impedir el paso de un sector a otro de la misma urbe. Centenares de ciudadanos perdieron la vida, víctimas de sus carceleros, en su vano intento de trasladarse al oeste, en su propia urbe natal.
Poco tiempo después, precisamente el 1 de diciembre del mismo año, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dejó de existir. Este hecho influyó decisivamente en la marcha planetaria, reduciendo en forma notable la infiltración que tuvieron los bolcheviques, sobre todo en Cuba doblegada por los hermanos Castro, sátrapas contemporáneos apropiados de esa isla por más de 50 años.
En lo que fue la URSS quedaron naciones agobiadas por la necesidad y la desesperanza. Occidente llevó allí inmediata ayuda, en especial de alimentos, para que millones de seres humanos puedan subsistir, sobre todo en el invierno. En síntesis, las décadas de ese absolutismo dieron como resultado cien millones de muertos, víctimas del terror que generaron los campos de concentración, las ejecuciones masivas, las prisiones y deportaciones, al igual que otras prácticas propias de aquel sistema caracterizado por el horror, la intransigencia y el despotismo.
Las falacias de la autocracia cayeron definitivamente cuando se derrumbó aquel muro de triste memoria. Una vez que se produjo aquel formidable acontecimiento, se inauguró una nueva era para la humanidad y comenzó a derretirse la Guerra Fría que, por muchos años del siglo XX, guió las relaciones internacionales.
A pesar del aleccionador colapso soviético, lamentablemente en América Latina y el Caribe quedan aún nostálgicos pregoneros de esos regímenes de tiranía. Tales dinosaurios ideológicos, a quienes se debe en considerable parte el retraso latinoamericano y caribeño, en actitudes obsesivas y hasta cínicas siguen con sus tesis retrógradas, como sucede con el denominado socialismo del siglo XXI que está produciendo efectos nada recomendables en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, países donde especialmente a la libertad de expresión se la está persiguiendo, con el fin de amordazarla, al estilo cubano donde simplemente no existe prensa independiente y pluralista y los presos de conciencia llenan las mazmorras que mantiene el oficialismo para infundir miedo a quienes se atreven a pensar diferente a la “verdad” oficial que no se puede discutir sino obedecer ciegamente, como repudiables extensiones de los tristemente célebres gulags.
Lecciones para no olvidar son las que dejó el fracaso de la ex URSS y la presencia del nefasto y anotado muro de la infamia.
Franklin Barriga López
Incremento de la pobreza
La falta de educación y cultura provocada por los malos manejos políticos han llevado a Nicaragua a la pobreza, ya que esta tierra es rica en recursos naturales y humanos que no se han sabido explotar de la mejor manera. Los conflictos entre los partidos políticos no han dejado crecer a este país. Nicaragua es el segundo país más pobre de Latinoamérica y se estima que un 48 por ciento de la población vive en ella. Según la ONU esta pobreza no se ha logrado superar debido a que los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos, esto quiere decir que las riquezas se concentran cada vez más en la élite, los dirigentes de este país. La falta de patriotismo es otro problema, ya que estos no solo piensan solo en ellos mismos sino que fomentan la incultura colisionando masas para que peleen a su beneficio. Para mí es fácil notar como los partidos políticos dirigen sus esfuerzos hacia los jóvenes ya que son de fácil manipulación debido a su carencia de ideales y su ignorancia del pasado. ¿Y podrá haber gente que defienda a los políticos y que se cieguen por la propaganda y el desperdicio de dinero? Pero es una realidad que Nicaragua no avanza, la pobreza no cesa, el conflicto ya es normal y la democracia no existe.
Pedro José Quintanilla
Democracia o socialismo
Las sociedades, especialmente la nicaragüense no es una estructura social férrea o determinista, donde se suprime al ser humano como autores y sujetos de cambios sociales, políticos, culturales, filosóficos económicos. No se puede olvidar a los hombres y mujeres que hacen e hicieron historia de todo tipo, por la diversidad de pensamientos, eso es un rico legado histórico usable.
El género humano se relaciona con todo y paulatinamente van forjando un conjunto de elementos de estructura social, es ahí donde se va conformando el futuro de nación. Entonces, se considera necesario que los seres sociales, especialmente los nicaragüenses y las clases políticas existentes sin excepción alguna coadyuven por el bienestar del futuro del país.
No se puede creer que el sistema político capitalista o cualquier otro se cambian a pura fuerza de voluntad o a base de guerras en este siglo XXI, de ello debería y/o encargarse el desarrollo social, político, cultural, filosófico, económico para ir renovando la estructura social existente, pero cuando queman etapas es imposible instalar un nuevo sistema político democrático o socialista sin antes preparar las condiciones sociales.
Veamos, las estructuras sociales históricamente aparecen y desaparecen, lo podemos observar desde la comunidad primitiva hasta el feudalismo que heredó el capitalismo, y este por antonomasia tendrá que desaparecer por un nuevo sistema político democrático socialista. Esto no significa que el capital de todos los inversionistas: nacional, extranjero o propiedad privada tengan que desaparecer, al contrario, serviría de apoyo a la nueva estructura social en el marco del respeto del capital por el capital.
En un socialismo no debería significar confiscación, usurpación de bienes privados o de capitales, es desarrollo en todo y para todos donde sustancialmente la fusión del capital socialista, el capital privado y el del Estado sería un fenómeno que haría supradesarrollar a las sociedades, pero respetando el capital por el capital, especialmente Nicaragua, en una democracia socialista o socialismo democrático “pero no sobre los medios de producción”, sino como un régimen abierto con los beneficios correspondientes y de respeto a la propiedad privada y al capital. Ese sería un socialismo democrático moderno, ajustado a la modernidad del tiempo.
Nicaragua ha tenido una mezcla de sistemas políticos: dictadura, democracia, rasgos ínfimos de socialismo, de capitalismo en un país pobre y el que ha pegado un poco es la democracia, aunque dividida entre el pueblo y la institucional. Estas experiencias han sido una actividad constante creadora de algunas condiciones que pueden ser explotadas para tener la capacidad de definir y resolver el resultado como opción del gobernado con el gobernante.
Bayardo Quinto Núñez
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