Este fin de semana no fue como otro cualquiera en la Villa José Benito Escobar. Había conmoción por las casas que casi destruyó un tornado. Se llevó los techos de 12 viviendas, pero el escenario era como si hubiese ocurrido un terremoto.
La calle por donde pasó el tornado estaba llena de gente, ramas de árboles cortadas, cables de energía eléctrica colgando a medias de un poste por caer, pedazos de zinc tirados, tucos de madera y piedras por cualquier parte.
Sin embargo, las paredes de las casas estaban intactas. Vistas desde afuera, todo parecía estar bien. Pero por dentro, la situación era distinta. Las casas de buena apariencia estaban llenas de gente necesitada.
“Anoche dormimos amontonados todos, uno en un sofá, otro en una hamaca, juntamos unos colchones, jalamos camas, nos acomodamos”, afirmó Idalia Aburto, cuyos cuartos quedaron inservibles, al menos por los próximos días, en Villa José Benito Escobar.
A la media cuadra, la casa de Arlen Murillo también estaba en total desorden.
“Lo que más perdimos fueron los electrodomésticos, ahí fue donde se llevó el zinc y cayó toda el agua, todo se nos dañó, hasta la cocina”, dijo.
Ni Aburto, ni Murillo, ni ninguno de sus vecinos, entran en la categoría de damnificados, aunque sí están necesitados.
- Las personas que sufrieron el golpe de los vientos con fuerza para arrancar techos débiles, aseguran que se trataba de un tornado, porque el agua y el aire entraba por todos lados. El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), dijo que pudieron ser rachas de vientos fuertes, causadas por efectos indirectos de la tormenta Harvey.
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De hecho los daños provocados por “los tornados”, que afectaron el viernes a los barrios de Hugo Chávez, Villa José Benito Escobar, Villa Vallarta, y B-15, en el Distrito Seis de Managua, no fueron catalogados como desastres.

No obstante, las familias que habitan en las 31 casas que se contabilizaron como semidestruidas, tendrán una vida de damnificados dentro de sus cuatro sólidas paredes.
Murillo, por ejemplo, no sabe si comerá lo de todos los días en el corto plazo, por el problema con la cocina, que también significa un gasto económico no planificado.
“Ahorita estamos comiendo lo más instantáneo, gaseosa, pan tortilla… uno no se espera esto, porque uno ya cuenta con lo que va a gastar diario, pero este gasto (techo, electrodomésticos y enseres), no lo esperamos”, afirma Murillo, con su pequeña niña en el brazo izquierdo, y señalando los daños con la mano derecha.
En la casa de Gregoria Mora, del mismo barrio, la situación no es muy distinta, pero los ocho adultos que ahí habitan, están preocupados por dónde dormir, pues solo quedaron con cinco camas, ya que las antiguas y tijeras no soportaron tanta agua cuando la vivienda quedó sin techo.
Aunque la inversión podría costar mil córdobas, si compran catres hechos de alambre usado, no todos los adultos tienen empleo para recaudarlos, especialmente cuando no se trataba de un gasto planificado.
Peor es la situación para los habitantes de una casa esquinera cercana.
ESPERANZA EN EL SINAPRED
La vivienda perdió todo el techo. Sus dueños andaban trabajando cuando pasó el tornado. Todo en su interior se mojó hasta dañarse, incluso las paredes, que eran de cartón comprimido.
Para no perder su empleo, los dueños fueron a trabajar ayer sábado, ayudados por familiares. En la mañana todo estaba intacto.
La esperanza de los pobladores es que el Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres les donara láminas de zinc, tal como lo habían prometido grupos afines al Gobierno.
En el barrio B-15 la asistencia con zinc fue inmediata, pero en el resto no tanto.
Consultamos a la Secretaría Ejecutiva del Sinapred y a la Defensa Civil si estaba programada la ayuda, pero se nos informó que brindarán la información hasta el lunes.
Mientras las instituciones se deciden si informar o no, el Gobierno Central continuó realizando donaciones de láminas de zinc a gente con las casas más pobres de Managua.
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