VALLE DEL BAJO AGUÁN/AFP
Transportados en camiones verde olivo y apertrechados con armas de guerra, cientos de militares y policías ocuparon este viernes el extenso y fértil Valle del Bajo Aguán, noreste de Honduras, para tratar de poner fin a la violencia entre campesinos y terratenientes.
Unos 600 uniformados bajaron de los camiones y se distribuyeron en grupos para instalar retenes en las rutas de acceso a las verdes fincas de palma africana propiedad de grandes terratenientes, algunas de las cuales están ocupadas por los campesinos.
A cada vehículo que pasaba, los uniformados pedían identificación a sus ocupantes y los hacían bajar para revisar su interior, con el fin de asegurarse de que no llevaran armas.
“Uno de los objetivos nuestros es que no haya más personas muertas entre los campesinos y los guardias” de los hacendados, dijo a la AFP el comandante de la operación “Xatruch“, el comisionado de Policía Julio Espinal.
Las confrontaciones en el Bajo Aguán entre campesinos y guardias de los propietarios de las tierras datan de años atrás con un saldo de medio centenar de muertos en los últimos meses, 11 de ellos esta semana.
El Bajo Aguán es también santuario de narcotraficantes que trasladan droga desde Sudamérica hacia Estados Unidos, lo que ha ayudado a desarrollar un mercado local de cocaína y marihuana.
Precisamente, los militares y policías llegados este viernes ayudaron a funcionarios judiciales a incinerar droga decomisada en los últimos días.
El despliegue de uniformados fue ordenado por el presidente Porfirio Lobo para frenar la violencia. Los líderes de los terratenientes han denunciado que sus adversarios están armados con fusiles de asalto AK-47, lo que niegan los campesinos.
Espinal dijo que, según informes de inteligencia, “los campesinos recibieron hace dos años entrenamiento de venezolanos y nicaragüenses en estrategias militares y manejo de armas”.
“No sé de dónde sacan que vinieron de Nicaragua y Venezuela a entrenarnos. Aquí solo tenemos machetes para trabajar” el campo, argumentó Pedro García.
“Nosotros no tenemos armas”, aseveró Víctor Chávez.
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