Mucho se puede hablar de las futu- ras elecciones generales de noviembre de este año pero es imprescindible ver como tema central de estas, el acto absurdo e ilegal de pretender darle un hálito de institucionalidad a una candidatura inexistente, como es el caso de la candidatura del presidente Ortega.
En nuestra historia muchas anomalías electorales se han registrado cíclicamente, pasando por la candidatura y presidencia antipatriótica de William Walker. Pero exceptuando este paréntesis, los líderes y caudillos de turno han logrado sus objetivos reeleccionista dando un toque de legitimidad a sus acciones. Aun con los golpes de Estado de 1936 y 1947, aunque fuera por apariencia se puso rápidamente al frente del poder ejecutivo al sucesor presidencial correspondiente.
La candidatura del señor Ortega esta completamente al margen de lo preceptuado en la ley suprema de la República. Juristas y doctrinarios afines al orteguismo la han sellado como legítima, siendo que el orden constitucional se ha roto en decenas de pedazos. Han interpretado en forma antojadiza nuestra carta magna, dejando sin eco la demanda de todos los sectores del país que han condenado este proceder. Se olvidan estos señores que la Constitución Política no es simplemente un libro de escritorio, sino el espíritu de la voluntad popular plasmado a través de los representantes en la Asamblea Nacional.
Respecto a la inconstitucionalidad de esta candidatura, hay que considerar: I. Es una ofensa a la dignidad nacional; es tratar de burlarse de la inteligencia de los nicaragüenses; hasta un niño de 10 años después de leer el art. 147 de nuestra carta magna puede recitar el concepto de la prohibición reeleccionista.
II. Es una burla para todas aquellos padres, viudas y familiares de los hijos de Nicaragua, que de ambos bandos murieron antes de 1979 y durante la guerra fratricida de los años ochenta, luchando y buscando una Nicaragua democrática, una patria mejor. Los héroes y mártires que el presidente Ortega exaltó el 19 de julio en la Plaza, dieron su vida por la libertad y la justicia, no por el continuismo.
III. Partidariamente es un desaire enorme para los integrantes del partido sandinista, puesto que no brota otra candidatura más que la del señor Ortega, como si en el seno de ese partido no existe otro dirigente capaz de ostentar una candidatura presidencial.
IV. Se esta planteando un antecedente peligrosísimo, pues se abren las puertas del absolutismo dictatorial y autoritario. Si en forma tajante, abierta y deliberada se violenta nuestra Constitución Política con una acción sin precedente histórico, ¿qué otra ley, norma o decreto no puede ser también violentado?
V. Se expone al país a consecuencias indescifrables tanto nacional como internacionalmente, pues con esa acción ilegal, anticonstitucional e inexistente, se arriesga peligrosamente nuestra seguridad institucional, lesionando en la más profundo a los cimientos de la nación. Aun en el hipotético y lejano caso que el presidente Ortega gane las elecciones, las pierde porque el voto depositado a su favor no tiene sustento legítimo. El país se expone a tener una presidencia inexistente y sería también inexistente todo acto de gobierno; el país quedaría en una profunda zozobra y nuestra economía nacional en un total y franco deterioro.
Todo lo anterior nos debe llevar a la reflexión y al civismo decidido. No podemos ni debemos endosar a las futuras generaciones, sobretodo a la venidera, la desgracia de verse envuelta en una guerra civil nuevamente, en la destitución y la muerte. Nicaragua ha tenido experiencias devastadoras por el tema de la reelección. Para comprobarlo basta analizar las consecuencias de la guerra civil de los años ochenta, librada precisamente para otorgarle al país el derecho de ser verdaderamente libre y soberano.
La oposición democrática, sin embargo, no debe abandonar la contienda electoral pensando que si participa en ella legitima la reelección del señor Ortega. Todo lo contrario, no se debe perder este espacio. Dejar al libre albedrío a quienes intentan implantar una dictadura perfeccionada es craso error; hay que alzar desde ya las voces de protesta ante el pleno del cuerpo diplomático acreditado en Nicaragua, la ONU y cualquier otra organismo internacional, dejando claro que no serán reconocidas ni la candidatura del presidente Ortega, ni su pretendida reelección y que se esta participando en estos comicios bajo protesta
En la antigua Grecia ya Platón refería en su República cuál es la medicina política para los Estados enfermos. Nicaragua está enferma a causa del continuismo, hay que devolverle la salud democrática e institucional.
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